Palabra de Papa

miércoles 31 diciembre 2008

El Papa ha hablado; y ha dicho verdades como un templo. Citaré un párrafo, porque coincide exactamente con lo que en su lugar también hubiera dicho yo. “Hay que vivir, ordenar e imaginar el matrimonio y la familia de forma muy distinta a la que corre en tantos ambientes de nuestra sociedad y que dispone de tantos medios y oportunidades mediáticas, educativas y culturales para su difusión.” Y añade: “Se necesita una ecología del hombre, entendida en el sentido del valor insustituible de la ley natural.” Efectivamente, soy creyente declarado de la ley natural. Y sólo se vive adecuadamente ateniéndose a ella. Vivimos angustiados, desequilibrados y en resumen infelices porque hemos dado la espalda a nuestro ser más natural. Y uno de los puntos en que más nos equivocamos es en nuestro concepto corriente del emparejamiento. Si queremos acertar, debemos emparejarnos atendiendo a su finalidad natural, a saber la familia y los hijos; pero no lo hacemos, nos emparejamos atendiendo al 'amor'. (Y vaya el diablo a saber lo que se mezcla y oculta bajo esa palabra tipo navaja suiza que para todo vale y todo lo remedia). Cuando digo acertar, digo evitar en lo posible el dolor y sufrimiento que hoy acompañan a la vida en común de un hombre y una mujer. No creo que sean obligatorios; creo que en muchísima medida se los debe a la mentalidad neurótica, por no decir moralmente mala, con la que se la encara. Un botón de muestra: En estas fechas unos amigos me hablaban de su hija en la treintena, que convivió 8 años con un mozo, padeció una separación que ella no quería y ahora según confiesa a su madre no consigue de ningún modo animarse a quedarse con ninguna de las oportunidades que al parecer se le ofrecen. Dice a la madre: sí, desde entonces he tenido varias parejas, pero con ninguna me siento a gusto. Esta mujer (joven aún) lo está pasando mal, es obvio; siente angustia e infelicidad. Y cuando los padres me lo contaban, me apresuré a aconsejarlos (diré en mi favor que nos conocemos desde que teníamos 20 años todos nosotros). Decidle a vuestra hija -les dije- que tiene que cambiar de chip, mirar a la pareja desde otro punto de vista, no esperar lo que habitualmente se espera, concebir la unión desde otra perspectiva. Me refería yo a algo parecido a lo que acabar de decir el Papa, que hay que ver la cosa de otra manera. Lo sé, lo sé perfectamente, que la joven en cuestión no me entenderá, primero porque pertenecemos a generaciones distintas y segundo porque tenemos en contra tanto ella como yo la cultura, los medios de comunicación de masas y la mentalidad que la propaganda del gobierno nos inculca; pero ahí queda eso, al menos tengo la satisfacción de decir lo que pienso. Veamos; lo bueno y lo deseable para nuestro bienestar sería una pareja que en paz nos acompañase hasta la muerte, una descendencia bastante y no vernos nunca en la necesidad de abortar. Esto es lo bueno y lo deseable; lo menos bueno y a menudo lamentable aunque solución única que queda, son el divorcio, el aborto y el emparejamiento perverso. Aquí yo lo tengo claro, y espero que el Papa me acompañe; no condeno nada, no pido que nada se prohiba, sólo señalo, esto es lo mejor y estotro lo peor. No creo en la prohibicion ni que ella o las leyes cambien las conductas; sólo las cambia el convencimiento. Cuando me convenza de que abortar es peor que no hacerlo (en general), que divorciarse es peor que vivir en paz con la pareja (aunque no sea perfecta), y de que no hay otra unión sensata que la de hombre-mujer, cuando me convenza, digo, cambiaré de conducta sin que ninguna ley del gobierno venga a imponérmelo o permitírmelo. He dicho.

 

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