Pensamientos

1º de octubre de 2018, yo o los otros.

jueves 11 octubre 2018

 1º de octubre de 2018, yo o los otros. Antiguamente, quiero creerlo, nos poseíamos, éramos dueños de nosotros mismos, es decir, pensábamos nuestros propios pensamientos, sentíamos nuestros propios sentimientos, los pensamientos y sentimientos que brotaban espontáneamente de nuestro cuerpo, de nuestra naturaleza. Nada de eso rige ya. Hoy pensamos lo que otros nos dicen que pensemos y sentimos lo que otros nos dicen es correcto sentir. Hoy vivimos manipulados, nos manipula el ambiente en el que vivimos, los medios de comunicación, lo que llamamos la sociedad. Y en cada momento esta sociedad nos empuja a aceptar como cierto y verdad lo que entonces se haya puesto de moda, lo que los poderes que nos dirigen la vida quieran que creamos sin ponerlo en duda. Quiero llamar la atención sobre dos puntos que en la actualidad se insiste en hacernos tragar más allá de cualquier razonamiento y sentido común, el primero, que somos los únicos responsables de lo que nos pasa, de que a nadie podemos culpar o exigir cuentas de lo que hacemos. El segundo, que somos libres y que el serlo es un derecho fundamental. Tenemos derecho a ser libres, y serlo significa el derecho a hacer lo que no dé la real gana. Inútil decir que llevados al extremo estos dos principios conducen al absurdo. No tengo derecho a escoger ser asesino a sueldo, por ejemplo, como no lo tengo a suicidarme. Puedo suicidarme, si nadie me lo impide, pero no será un acto de libertad, sino de folía. Todo esto viene a cuento de la obesidad que en todas partes aumenta cada día que pasa. Hay cada día más gente obesa, no digo gorda, sino obesa, a veces absurdamente obesa. Recordemos la noticia reciente de ese joven que pesa 450 kg y al que no han podido ingresar en el hospital porque no hay camilla ni cama que pueda acogerlo, ni ambulancia que pueda llevarlo, ni enfermeros que puedan sacarlo de casa por las escaleras o en el ascensor y al que han tenido que transportar los bomberos. Es un caso límite, cierto, pero entre la gente que vemos pasar por la calle, son cada vez más los obesos que llaman la atención. Pues bien el Magazine de ayer, domingo, publicaba un artículo acerca del rechazo que despiertan los obesos en la gente común. Se acuñaba incluso el término obesofobia, que recuerda al otro relativamente reciente de homofobia, y se defendía el derecho de mujeres y hombres a escoger (libremente) su talla, su volumen corporal, y a exigir que los empresarios no los discriminen a la hora de solicitar trabajo ateniéndose a los kilos de más que pesen. Haciendo un aparte, a una joven muy, muy obesa se le negó el puesto de trabajo que solicitaba porque no había en la oficina sillón o silla que la acomodase. En el artículo citado, se daba a entender que la obesidad era un asunto personal y de libre elección. Como se ha dado a entender que la homosexualidad, la conducta homosexual, los actos homosexuales, es un asunto personal de libre elección; de la libre elección de la orientación sexual, en este caso. A esto me refería cuando dije que vivimos manipulados y que ya no existe lo cierto y lo falso, lo justo y lo injusto, sino lo que en el momento se nos dicta que debemos aceptar o rechazar. La obesidad (como la homosexualidad) no es un asunto personal, sino el resultado final de un proceso que comienza en la infancia o incluso antes, en el vientre materno. Por ceñirme a la obesidad, no somos obesos porque queremos, sino porque el bombardeo de la publicidad y las maniobras de los empresarios de la alimentación para que compremos lo que ellos venden y no lo que nos conviene, lo más saludable, está por todas partes, está en el ambiente y es irresistible. De la misma manera que los empresarios del tabaco habían estudiado como hacer su producto más adictivo y lo habían logrado, lo hacen los empresarios de la alimentación. Nos ofrecen comida barata y sabrosa, pero absurdamente dañina para nuestra salud. Por otro lado, y tanto en lo referente a la homosexualidad como a la obesidad, al llevarnos a creer que somos los solos responsables de nuestra conducta, se evita que busquemos responsables en otra parte, el ambiente familiar en que nos criamos por un lado y los intereses de la industria de la alimentación por el otro. Y en eso estamos. Somos víctimas, pero se insiste en que somos culpables.




Comentarios

super thought

enviado por mack manuel el 13 octubre 2018 a las 02:06 PM CEST
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