Pensamientos

14 de octubre de 2019, Teseo o los estragos del olvido.

lunes 14 octubre 2019

Un joven de apenas veinte años atraviesa Grecia. Es bello, fuerte y sobre todo de sangre real. Se llama Teseo. Va a Atenas para que su padre, el rey Egeo, al que nunca ha visto, lo reconozca. Y tiene la intención, este joven seguro de sí mismo, de tomar el lugar legítimo que le corresponde, el de heredero al trono de Atenas, porque una revelación acaba de trastornar su joven existencia, su madre le ha confiado el secreto de su nacimiento. Fue hace mucho tiempo. Egeo, rey de Atenas, había gobernado durante muchos años, pero no tenía ningún hijo que lo sucediera, a su muerte su dinastía estaba condenada a desaparecer y el viejo rey no podía aceptarlo. Decidió pues apelar a los dioses, era su última esperanza. Tomó el camino de Delfos, para consultar el oráculo. En Delfos, a los pies del monte Parnaso, está el santuario más famoso del mundo. En él, por la boca de una mujer llamada la Pitia, los dioses dan a conocer sus designios. La Pitia vive recluida en el sagrado recinto del Templo de Apolo. Sentada en un trípode y drogada por el humo que brota del suelo, transmite a sus sacerdotes los mensajes divinos. El rey Egeo la interroga. ¿Cuándo le nacerá el hijo que tanto desea? La respuesta de la Pitia es oscura. «No abras tu odre, oh gran príncipe, hasta que hayas llegado a Atenas.» Egeo no entiende el oráculo. Agotado, descorazonado, se va dando vueltas al enigma en su mente. En el camino de regreso se detiene en Trecén sin saber que su deseo está a punto de serle concedido. En Trecén reina Piteo, un rey conocido en toda Grecia por su sabiduría, pero sobre todo por su previsión. Piteo comprende inmediatamente el significado del oráculo de Delfos, pero se lo guarda para sí, no dice nada a su huésped. El oráculo había querido decir que si Egeo llegaba a Atenas sin haber hecho el amor, la primera mujer con la que yaciera tendría un heredero suyo. Como Piteo deseaba que su hija diera a luz al heredero del trono ateniense, se le ocurre una idea. Organiza un banquete en honor a su huésped. Y cuando a causa de los vapores del alcohol Egeo ya está medio borracho, Piteo desliza en su lecho a su propia hija, Etra. Y así, gracias a la astucia del rey, Teseo fue concebido. Cuando Etra le dice que está embarazada, el rey Egeo no puede contener su alegría, pero hay algo que lo preocupa. Atenas está llena de amenazas, enemigos, pretendientes, dispuestos a hacer cualquier cosa para arrebatarle el poder, incluso hacer desaparecer a un niño y matar a un anciano antes de que le llegue su hora. Su decisión está tomada, su hijo vivirá escondido aquí en Trecén, hasta que sea lo suficientemente fuerte como para ser reconocido rey. Y así, en el mayor secreto, Teseo crece, lejos de intrigas y conspiraciones. Pero Egeo se pregunta cómo reconocerá a su hijo cuando llegue el momento de que venga a Atenas a tomar el trono que le corresponde. Egeo deja a Etra lo que los griegos llaman un símbolo, objetos que le permitirán reconocer a su hijo legítimo cuando se le presente. Estos símbolos son sus sandalias y su espada. Egeo los entierra bajo una enorme piedra que sólo su hijo, Teseo, logrará levantar sin ayuda de nadie. Han pasado dieciséis años, Teseo se ha convertido en este joven alto y hermoso, fuerte, educado, valiente, impetuoso, fascinado, como todos los jóvenes de su edad, por las hazañas de los grandes héroes griegos. Descubre donde su madre le dice la espada y las sandalias de su padre. Está a punto de irse de Trecén. Su madre lo abraza una última vez, duda y luego revela a Teseo la verdad sobre sus orígenes. Si Piteo había empleado un ardid para meterla en la cama de Egeo y hacer que se uniera con él, fue porque acababa de ser violada. Y por uno de los amantes más temibles del Olimpo, el dios Poseidón. Poseidón, uno de los dioses más poderosos, el hermano mayor de Zeus. Cuando los dioses griegos dividieron el mundo, Poseidón recibió los mares y océanos. Poseidón sostiene en su mano el tridente que planta tanto en el mar como en la tierra, es el dios de las tormentas y los huracanes, el dios de los terremotos, se lo llama el suelo que se mueve, representa la ira, el desorden, el peligro, la violencia. Unos días antes de meterse en la cama del rey Egeo por deseo de su padre, la joven Etra había sido llevada a Poseidón por una diosa que se le había aparecido en sueños, una diosa a la que nadie puede desobedecer, la diosa Atenea. Atenea y Poseidón, la diosa de la guerra y el dios de las tormentas, están siempre peleándose, luchando, no se quieren bien. Para tener paz, Atenea, no sin segundas intenciones, entrega a la pobre Etra a los apetitos sexuales de Poseidón. Teseo, nacido de la historia de amor de Etra con Poseidón primero y luego con Egeo, es a la vez hijo de un dios e hijo de un rey. Esta doble paternidad le da una identidad casi perfecta. Su ascendencia divina explica su fuerza y valentía así como sus hazañas futuras, su biografía en suma. Su origen real le da legitimidad política, tiene una tarea que llevar a cabo, un destino político que asumir. Teseo se irá, su búsqueda es ante todo la búsqueda de su identidad. Para llegar a Atenas, se le ofrecen dos caminos, el camino más seguro es el mar, pero hay otro, mucho más peligroso, el camino por tierra que cruza Grecia de norte a sur a través del istmo de Corinto, a través de altas montañas y senderos difíciles, pero sobre todo increíblemente peligrosos, porque durante años monstruos y ladrones los han hecho inseguros y sembrado el terror en ellos. Teseo elige precisamente esta vía. Desafía, una tras otra, a las criaturas que encuentra. Primero se enfrenta al gigante y salteador de caminos Perifetes, hijo de Hefesto que aun siendo cojo manejaba a la perfección una enorme maza de bronce con la que machacaba a los viajeros. Teseo lo mata y se queda con la maza con la que luego haría proezas. Otro de los gigantes bandidos que halló en su camino fue Sinis, el doblador de pinos, que para deshacerse de los viajeros que tenían la desgracia de tropezrase con él, doblaba dos pinos cercanos, ataba las copas entre sí y un brazo de su víctima a cada una de ellas y luego soltaba los árboles que, al enderezarse violentamente, desgarraban el cuerpo del desgraciado. Teseo lo venció e hizo con él lo que él hacía con los demás, después de lo cual se acostó con su hija Perigune, que le dio un hijo al que llamó Melanipo. Otro que le salió al paso fue Esciro, hijo de Pélope y descendiente de Tántalo, que obligaba a los viajeros a lavarle los pies en el mar y luego los arrojaba a él de una brutal patada donde una enorme tortuga al servicio de Hades los devoraba. Teseo se negó a semejante humillación y cogiéndolo por los pies lo lanzó al agua. Cerca de Eleusis, un bandido llamado Cerción desafiaba a los viajeros a luchar con él en un duelo desigual y nadie lo vencía. Solo Teseo lo hizo, levantándolo y estrellándolo contra el suelo. No lejos de allí vivía otro gigante, Procusto, un posadero bandido que tenía la costumbre de ofrecer a los viajeros un lecho especial. Primero los seducía y luego los ataba a la cama y amordazaba. Metía a los altos en una cama pequeña y les cortaba los piernas y cabeza que sobraban. A los más bajitos los metía en una cama grande y les estiraba brazos y piernas con cuerdas y a martillazos. Teseo lo mató de la misma manera en que él mataba a sus víctimas: lo sedujo con juegos y lo ató y amordazó en la cama más pequeña, porque era hombre alto. Luego lo torturó con el martillo, le cortó los pies y finalmente la cabeza. Todavía hoy se usa la expresión "lecho de Procusto" para significar el deseo de uniformizar a costa de eliminar a aquellos que no encajan en el molde. También mató a la Cerda de Cromio, que era una fiera hija de Tifón y Equidna. Continuó viaje y llegó a Atenas, pero se encontró con una sorpresa: su padre se había casado con Medea, que había sido esposa de Jasón y de cuya unión había nacido un hijo al que habían llamado Medo. Finalmente, llega a Atenas. El rumor de sus hazañas ya lo ha precedido, Egeo lo reconoce gracias a sus sandalias y espada, he ahí al rey y su heredero, Egeo y Teseo, finalmente reunidos. ¿Vivirán felices y comerán perdices? Bueno, no, porque Atenas entonces se encuentra bajo la amenaza del mayor poder marítimo de su tiempo, Creta, la Creta dominada por el rey Minos. Minos ha derrotado a Atenas y exige que todos los años se le entregue siete doncellas y siete muchachos adolescentes escogidos al azar que luego dará como alimento a un monstruo aterrador, el Minotauro. El Minotauro, una criatura monstruosa, un cuerpo de hombre coronado por la cabeza de un toro. El Minotauro es el resultado de una unión inimaginable entre la esposa del rey de Creta, Pasifae, y un toro blanco que surgió del mar gracias al dios Poseidón. A decir verdad, la pobre Pasifae no es del todo responsable en este caso, ella fue el objeto, como sucede tan a menudo, de la venganza de los dioses debida a una falta cometida por su esposo, Minos. (Continuará)






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