Pensamientos

16 de octubre de 2019, Dédalo e Ícaro, el sueño hecho pedazos.

martes 29 octubre 2019

 Se acabó, no volará más, está muerto, Ícaro está muerto, sin embargo Dédalo, su padre, le había advertido, le había advertido que tuviera cuidado, que se mantuviera siempre a media altura entre el mar y el sol, si volaba muy bajo, la espuma de las olas haría más pesads sus alas, si volaba demasiado alto, el calor del sol las quemaría. Ícaro no hizo caso a la advertencia. Qué idea descabellada, de todos modos, la de un padre que fabrica alas para su hijo y lo empuja a desafiar a los pájaros. Puede que Dédalo haya sido loco, o inconsciente, para arriesgar la vida del único ser que le importaba. No, nada de eso. Dédalo fue un maravilloso inventor, al que la diosa Atenea misma había enseñado. También fue un arquitecto brillante, un brillante dibujante, un escultor que dominaba tan bien su arte que se decía que había que encadenar sus creaciones para que no escaparan. Un día hizo una estatua de Hércules tan ajustada a la verdad que el héroe, al descubrirla, se sintió indignado y la rompió. Pero Dédalo tenía una debilidad, era celoso, no soportaba el talento de los demás. Estaba tan orgulloso de sus logros que no podía soportar la idea de un rival. Su hermana le había dejado a su hijo, Pérdix, (a veces llamado Talo o Calo) para que aprendiese las artes mecánicas. El muchacho era un alumno capaz y dio sorprendentes muestras de ingenio. Caminando por la playa encontró una espina de pescado. Imitándola, tomó un pedazo de hierro y lo cortó en el borde, con lo que inventó la sierra. Unió dos trozos de hierro por un extremo con un remache y afiló los extremos opuestos, haciendo así un compás. Toda Atenas quedó deslumbrada por el invento. Dédalo tenía tanta envidia de los logros de su sobrino que se enfureció. Cuando un día estaban juntos en lo alto del templo de Atenea en la Acrópolis de Atenas, aprovechó la oportunidad y lo empujó. Pero la diosa, que favorece al ingenio, lo vio caer y cambió su destino transformándole en un pájaro bautizado con su nombre, la perdiz. Este pájaro no hace su nido en los árboles ni vuela alto, sino que anida en los setos y evita los lugares elevados, pues recuerda su caída. Dédalo se apresuró a bajar de la Acrópolis y esconder el cadáver; lo metió en una bolsa con la intención de enterrarlo en secreto. Pero el crimen atroz fue rápidamente descubierto, Dédalo fue arrestado y juzgado. Debido a los servicios que sus muchos inventos habían prestado a la humanidad, los atenienses renunciaron a encarcelarlo y lo condenaron al exilio. Así, Dédalo y su hijo Ícaro se encontraron en Creta en la corte del poderoso rey Minos. Pero todo esto no explica por qué Dédalo empujó a su hijo a volar, corriendo el riesgo de verlo estrellarse. Todo comenzó hace mucho tiempo. Zeus, cuya reputación de seductor es bien conocida, acaba de dejar a su última conquista, una hermosa princesa fenicia llamada Europa. La había secuestrado en las costas de Tiro, tomando la apariencia de un toro, y luego la había depositado en las montañas de Creta. Europa le había dado tres hermosos hijos, sólo varones, Minos, Radamanto y Sarpedon. Europa no permaneció soltera por mucho tiempo, los pretendientes se la rifaban, todos consideraban un gran honor seducir a la mujer que había sido la amante del amo del Olimpo. Asterión, el príncipe que gobernaba Creta, ganó la apuesta. Se casó con Europa y adoptó a sus hijos, de los cuales hizo sus herederos. Pasaron los años, Asterión murió un día de invierno, apenas enterrado, uno de sus tres hijos adoptivos, Minos, quiso ocupar el trono. Pero sus dos hermanos se opusieron. Entonces, como prueba de su derecho a la sucesión, Minos sostuvo que los dioses le habían confiado el reino, y para demostrarlo proclamó que podía obtener de ellos lo que quisiese con sólo pedírselo. Sus hermanos lo dudan, como mínimo, y le piden que lo demuestre. Minos acepta el desafío. Después de dedicar un templo a Poseidón, el dios del mar, Minos le ruega que saque del agua un toro que le ofrecerá como sacrificio. Y sucede lo impensable. Bajo la mirada de asombro de Radamanto y Sarpedon y toda la corte, un magnífico toro blanco deslumbrante aparece sobre las olas. Nunca en la memoria humana se había visto un animal tan hermoso. Minos, él mismo, estaba deslumbrado. Sin duda no esperaba ver su deseo concedido tan vivamente. Sus hermanos se inclinan ante el prodigio, Minos es ahora rey de Creta. Pero encuentra el toro de Poseidón tan magnífico que decide engañar al dios. En lugar de sacrificar al animal, como se había comprometido, lo envió a unirse a sus propios rebaños y sacrificó a otro en su lugar. A Poseidón no le gustó este juego de manos. El dios, sombrío, prepara su venganza, será terrible. Un rey sin reina no es un verdadero rey. Una vez en el trono, Minos toma por esposa a una joven llamada Pasifae, que significa "la que brilla sobre todos los demás". Se dice que Pasifae, hija del dios del sol, Helios, y de la ninfa Creta, es inmortal, también se la cree maga, ya que mata a todas las mujeres que tratan de seducir a su marido cubriéndolas de escorpiones y serpientes. Tres hijos nacieron de esta unión real, dos hijas, Ariadna y Fedra, y un hijo, Androgeo. La felicidad del soberano es perfecta, pero es olvidar la ofensa que hizo a Poseidón. Una noche, el dios de los océanos entra en la habitación de la reina, da vueltas alrededor de su lecho, susurra palabras que nadie entiende y se retira. Por el momento, al menos, no pasa nada, a lo que parece, porque al amanecer, Pasifae se despierta y aturdida se descubre locamente enamorada, presa de una pasión devoradora, irreprimible. ¿Por su marido? No, está enamorada del toro blanco al que Minos no ha sacrificado. Consternada, sin saber cómo satisfacer el fuego que la consume, ese fuego devorador que la empuja a unirse con el toro blanco de Poseidón, la reina corre en busca de Dédalo. Desde que fue expulsado de Atenas, el famoso inventor ha vivido en la corte de Creta donde encanta a Minos y a su familia con muñecas animadas de madera que él mismo hace, y otras mil maravillas. Probablemente pueda encontrar una manera de ayudar a Pasifae. Dédalo escucha a la reina. Lo que ella le pide, desafía la imaginación. Unirse al toro blanco. La perspectiva de tal unión entre una mujer y un animal parece repugnante. Dédalo duda, quiere negarse. Pero Pasifae lo amenaza con matarlo, a él y a su hijo Ícaro, si no obedece inmediatamente. Dédalo no tiene elección, se le ocurre una idea, fabrica una vaca de madera, la cubre con un pellejo grueso, la pone sobre ruedas escondidas en las pezuñas y la empuja a los prados, no muy lejos del toro de Poseidón. Enseña a Pasifae a meterse dentro y abrir las puertas practicadas en el trasero de la vaca, y luego se retira en silencio prefiriendo no ser testigo de lo que va a suceder. Nueve meses después de este apareamiento antinatural, nace una criatura aterradora, un ser híbrido, tiene el cuerpo de un hombre, con poderosos hombros y pecho ancho, pero la cabeza de un toro, los cretenses lo llaman el Minotauro, que significa "el toro de Minos". (Continuará)






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