Pensamientos

1 de agosto de 2019, Zeus conquista el poder

viernes 02 agosto 2019

 1º de Agosto de 2019, Los grandes mitos griegos, Zeus conquista el poder. Ante nosotros está el padre de los dioses y los hombres. Aquel a quien todos deben obedecer, mortales o no. Es el amo de los elementos. Preside los fenómenos atmosféricos, tanto los malos vientos como los que traen la lluvia benefactora. Es el garante del poder real y la jerarquía social. Pero sobre todo tiene la única arma de destrucción masiva de su tiempo, un rayo. Y no duda en usarlo contra aquellos que se atreven a desafiarlo. De todos los nombres de las divinidades, el suyo es el que nos resulta más familiar. Zeus. Míralo. Mira lo majestuoso que es con su barba rizada y su espesa cabellera. En una mano, el cetro de madera de ciprés, símbolo de su realeza. En la otra, la égida, con la que desencadena tormentas eléctricas. A un rey supremo, una morada suprema. Zeus habita en la tranquila y hermosa región que se extiende por encima de la atmósfera de la Tierra, las montañas son su trono, pero su residencia más conocida está en el Olimpo. Aquí está su palacio, que su hijo, Hefesto, el dios del fuego y de los herreros, ha construido. Sin embargo, Zeus no fue siempre este dios soberano, su nacimiento le había reservado un destino completamente diferente. Todo comenzó en los albores de los tiempos, antes del tiempo. Al principio estaba la oscuridad y la oscuridad dio lugar al caos, al vacío, lleno de oscuridad. Entonces nació Gaia, nació la Tierra, la diosa primordial, la diosa madre, y del vientre de Gaia emergieron las altas montañas, los picos nevados, las cuevas y los bosques, los océanos y sus espumas, las llanuras y ríos. Más tarde, cuando este mundo tomó forma, apareció Eros, el aliento, lo invisible que despierta en los demás la necesidad imperiosa de juntarse y aparearse. Gaia, la madre tierra, está sola. Nadie la ama y ella no ama a nadie. Además ¿a quién podría amar si no a sí misma? Solamente el caos. Así que para llenar su propia soledad, Gaia decide dar a luz a Urano, el cielo, su opuesto perfecto, el cielo y sus innumerables constelaciones. Y el cielo baja sobre ella para fecundarla. Son casi una pareja. El cielo, la Tierra, los dos planos superpuestos del universo. ¿Y ahora? Ahora sería bueno que los seres vivos surgieran de su abrazo. Ahí es donde entra Eros. Insensiblemente infunde a Urano ese misterioso impulso llamado deseo y Urano sucumbe ante él, se une a Gaia y le hace el amor, no una vez, sino cien veces, no un día, sino mil días. Pronto nace un montón de niños. Los primeros doce se llamarán los Titanes, seis Titanes y seis Titánidas. Les llega luego el turno a los Cíclopes, llamados así porque sólo tienen un ojo en el centro de la frente. Luego vienen los hecatonquiros,  cuyo nombre significa aquellos que tienen cien brazos. En realidad, no sólo tienen cien brazos, tienen también cien cabezas que escupen fuego. Finalmente Gaia da a luz a los gigantes, unos monstruos de tamaño enorme y aspecto temible. Sólo que estos niños no pueden moverse, están allí atrapados en el regazo de su madre en el mismo lugar donde fueron concebidos. Y por una buena razón, el cielo, Urano, permanece literalmente pegado a la Tierra, Gaia. No hay ningún espacio entre ellos que permita a su descendencia ver la luz, vivir una existencia independiente. Tan pronto como intentan escapar, su padre, Urano, se lo impide, sin contemplaciones. Así que Los Titanes hacen pagar su frustración a la madre, se aferran a ella, se amontonan sobre ella, luchan, la tocan, la asfixian. Gaia sufre, está agotada y furiosa, la situación no puede seguir así. Gaia llama a la revuelta y ordena a sus hijos que se vuelvan contra su padre. Nadie se mueve. ¿Nadie? Excepto el más joven de los Titanes, Kronos. Kronos acepta pelear y su madre lo ayudará. Sin que Urano lo sepa, Gaia fabrica en secreto una hoz de sílex y la entrega a su hijo, Solo falta esperar la ocasión. No tarda en llegar. Urano, siempre en celo, viene a hacer el amor con Gaia. Tan pronto como él la penetra, Kronos agarra con la mano izquierda el sexo de su padre, lo corta de un golpe seco y lo arroja al mar. Urano, devastado por el dolor, se aparta violentamente de Gaia y ¡ya está! finalmente se separan. A partir de ese momento, Urano, el cielo, permanecerá arriba, sobre el mundo, para no moverse más. Al fin libres, los Titanes, los Gigantes, los Cíclopes, pueden dejar el regazo de su madre. Se dice que las gotas de lluvia que caen del cielo son las lágrimas de Urano, lágrimas de dolor, remordimiento y nostalgia. (Continuará)







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