Pensamientos

1 de julio de 2018, La Malibrán, (Sigue).

martes 03 julio 2018

La Malibrán, a la que siempre se consideró española, no nació, sin embargo, en España, Y quizá tampoco era español su padre, que pese a ello impuso a toda la familia un estilo artístico genuinamente español y de categoría internacional. Fue quizá lo único en que coincidieron padre e hija, siempre enfrentados, quizá porque María Felicia heredó el carácter y el insufrible genio de su irascible progenitor. En realidad, Manuel no se llamaba García, sino Vicente Manuel del Pópolo Rodríguez, y nunca supo quién había sido su padre ni tuvo una madre que lo criara, pues ella se murió cuando él tenía solo seis años. Se ha dicho que este padre desconocido, abuelo de La Malibrán, era un gitano y también italiano, por el extraño apellido del Pópolo adjunto al de Rodríguez. Para Salvador de Madariaga, al que fascinaba la vida novelesca de la familia García, más famosa en el extranjero que en España, el rastro italiano del pequeño Manuel apunta a alguna conjura, sociedad secreta o conspiración garibaldina. Es probable. Lo seguro es que vino al mundo con una prodigiosa voz que se dio a conocer en el coro de la Catedral de Sevilla y que tuvo la instrucción musical suficiente para convertirse antes de los veinte años en un cantante formidable, amén de apuesto galán. Se casó con una belleza y otra gran voz, la de Joaquina Sitjes, que pese a su apellido catalán era de Cádiz. Tanto él como ella eran personas de fuerte voluntad, partidarios acérrimos de la disciplina y dotados de una inteligencia tan notable como su carácter. Con esos ingredientes y la ayuda de la suerte tenían que dar al mundo tantos hijos como genios de la música. Y lo hicieron. Pero les costó lo suyo. Su primer vástago, Manuel, nació en 1805 y cuando Joaquina estaba encinta por segunda vez estalló la Guerra de la Independencia. Manuel García no quiso ponerse de parte de José Bonaparte ni tampoco ver derrotada a su patria, así que se fue directamente a París, donde nació María Felicia y él triunfó como tenor. Pero Napoleón traía y atraía la desgracia y en 1811 tuvieron que huir a Nápoles, donde reinaba Murat. Allí conocieron a Rossini, que escribió para Manuel varias obras, entre ellas El Barbero de Sevilla con la que se consagró. Y allí debutó y triunfó clamorosamente, con sólo seis años, María Felicia García. (Continuará).






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