22 de abril de 2017. La guerra civil española.

miércoles 09 mayo 2018

 En sus memorias Orwell afirma haber estado en la guerra española. Para él era una guerra justa, la revolución de los trabajadores era necesaria y en su fracaso todos hemos salido perdiendo. Cierto que la clase trabajadora estaba siendo muy oprimida. Se condenaba a los trabajadores a una vida imposible. La clase dominante los explotaba sin piedad, no cabe duda. Hasta aquí todo bien. Lo que ya no está bien son las consecuencias reales de la revolución. Leyendo a Orwell y a quienes como él la defendieron y defienden uno tiene la impresión de que ven a la clase trabajadora como un conjunto de ángeles que lucha contra los demonios de Lucifer, es decir, como algo espiritual y fuera del mundo, en vez de verla como lo que es, la lucha de unos hombres contra otros, cada uno con sus intereses particulares. Y el resultado de esta lucha ha sido siempre uno y el mismo, la sustitución de una opresión por otra igual que la antigua si no peor. En estas luchas, en estas revoluciones, se ha buscado siempre el exterminio de la parte contraria. Puede que en la teoría se trate de implantar en el mundo la justicia; pero nunca se lo consigue, al contrario, se implanta el horror. Pues bien, parece que ni Orwell ni los demás pensaron nunca en esto. La clase trabajadora eran los buenos y la burguesía explotadora los malos, en términos absolutos, el bien absoluto, el mal absoluto. Y dados nuestros antecedentes cristianos y bíblicos, no caben compromisos, el Bien ha de vencer al Mal y destruirlo de raíz. Pero en las guerras de los humanos esto no es ni puede ser así. Orwell no parece comprenderlo. Parece dar por sentado que el gobierno de la clase trabajadora iba a ser puro y sin tacha, angelical.

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