Pensamientos

25 de febrero de 2019, el Génesis (sigue).

miércoles 13 marzo 2019

Durante un tiempo incontable, esos trozos de materia inerte se movieron sin rumbo por el espacio vacío a medida que iban creciendo y aumentando de tamaño hasta que la gravedad de una estrella naciente los atrajo a su alrededor. La estrella era de segunda o tercera generación y hace unos 5000 millones de años acababa de nacer a partir del Hidrógeno primordial que quedaba de la formación de las estrellas que habían consumido su vida y habían estallado en otras tantas supernovas. Los pedazos de roca formaron anillos a distancias diversas de la estrella madre, si así podemos llamarla, puesto que sujetos a su influjo y moviéndose en su órbita, y algunos trozos mayores que otros de esos anillos comenzaron a su vez a atraer a los más pequeños y a lo largo de 500 millones de años fueron creciendo a expensas de ellos hasta formar las grandes masas de los que hoy llamamos planetas rocosos para distinguirlos de los otros de la periferia formados en su casi totalidad por el Hidrógeno y cantidades variables de Helio que al contrario de sus predecesores nunca llegaron a convertirse en estrellas por la falta de la masa crítica que hubiera sido necesaria. La aglomeración que llevó a la formación de nuestro planeta rocoso duró 500 millones de años y al principio era sólo una masa hirviente de lava fundida a 1200º C rodeada de CO2, N2 y vapor de agua. Y entonces sucedió algo imprevisto, otra masa de roca igualmente fundida del tamaño del Marte que hoy conocemos y a la que hemos bautizado con el nombre de Deia chocó con nosotros a varias veces la velocidad de una bala, inclinó el eje de rotación de la Tierra y le arrancó y lanzó al espacio millones de toneladas de trozos que en 1000 años terminaron de aglomerarse a su vez y formaron la Luna, nuestra Luna, a solamente 22 km de la superficie terrestre cuando hoy está a 400. Se la veía pues en el cielo mucho más grande que en la actualidad y causaba mareas muchísimo más intensas que las de hoy, lo que hizo que hace sólo 3200 millones emergieran del océano las primeras islas de tierra firme que con el tiempo habían de formar los continentes. El día terrestre duraba entonces solamente 6 horas pues la Tierra giraba como una peonza y apenas te había levantado de la cama tenías ya que acostarte. Felizmente nosotros aún no existíamos y faltarían 3900 millones de años para que apareciéramos. Somos sólo una anécdota sin importancia en la vida del universo.   Hace 3900 millones de años nuestra Tierra se había enfriado lo suficiente como para sostener el agua líquida que le llegó de la lluvia de meteoritos que la bombardeó durante los 400 millones de años siguientes. Hace 3500 millones de años el agua cubría totalmente la Tierra y en sus profundidades el calor del núcleo salía a la superficie a través de chimeneas que arrastraban minerales y formaban una especie de caldo en el que apareció la vida en forma de bacterias unicelulares. Pasaron de nuevo los años y mientras tanto en el fondo de aquellas aguas las bacterias se habían amontonado en los que hoy llamamos estromatolitos. Los estromatolitos tenían una propiedad singular, a saber, tomaban la luz del sol y formaban hidratos de carbono por el proceso que hoy llamamos fotosíntesis al mismo tiempo que desprendían a las aguas primero y a la atmósfera después un nuevo gas, el oxígeno. El proceso duró 2000 millones de años. Hace unos 1500, se formaron las placas tectónicas, que se movían flotando sobre la roca fundida del interior y dieron lugar por fin al primer continente, al que hemos llamado Rodinia. De nuevo pasan los años y hace 650 millones de ellos Rodinia se cubre de una capa de hielo de 3 km de espesor que dura 15 millones de años, entonces se parte en dos, salen a la atmósfera cantidades ingentes de CO2, el efecto invernadero funde el hielo el proceso dura otros 35 millones, pasan de nuevo 60 y nacen en el mar las primeras plantas y los primeros organismos pluricelulares que desarrollan esqueletos óseos, los trilobites antepasados de los insectos, las langostas y los escorpiones, además de un enemigo feroz, el anomalocaris, un bicho de 60 cm de largo que hace la vida imposible a los que comparten la vida con él.  (Continuará)






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