Pensamientos

25 de febrero de 2020, Romance de José Carlos

martes 25 febrero 2020

 —José Carlos, José Carlos,—estás más bueno que un higo,

¡quién te gozara una noche—hasta el alba, sin respiro!

Ya te quisiera, mi bien—a mi costado tendido,

acariciarte la espalda—besarte incluso el ombligo,

que estando en celo la hembra—todo le está permitido

y no es lugar ni momento—me aseguro y repito,

para perderse confuso—en matices y distingos.

—Estáis salida, señora,—abrid la boca y pedidlo.
—Ya que sois tan generoso,—ni un momento vacilo,

no me lo pienso dos veces—que fuera tiempo perdido,

aprovecho la ocasión —para acostarme contigo

sin dar largas al asunto—ni demorar lo ofrecido.

—¿A cuál hora, bella dama—os placerán mis servicios?
—Rondando la medianoche— fuera el momento preciso,

Ni muy pronto ni muy tarde—cuando el mundo está dormido.
Levantóse José Carlos,—evitando hacer ruido,
para que nadie lo oyera—ni ser de nadie sentido,

que discreción y prudencia—denotan al bien nacido.
Tres vueltas da al vecindario—tres vueltas da al edificio

que a los amantes dichosos—no importan los sacrificios.
—Ábreme, gentil doncella,—déjame entrar a tu piso,

que sopla un cierzo de muerte—y ya me muero de frío

si no acudes al instante—a darme amparo y cobijo.
—¿Quién eres que así me llamas—a tales voces y gritos?

De proseguir de tal suerte—despertarás al dormido.
—José Carlos soy, señora,—¿quién si no vuestro querido?
Tenéis la memoria flaca,—a juzgar por vuestro olvido,

—Pasa pa’ dentro, mastuerzo—no te hagas el resentido

que el goce que te daré—la espera habrá merecido.

Y sin perderse en razones—se dan el lote a capricho.

Mas todo acaba en hartazgo—José Carlos se ha dormido

y antes de que amaneciera—llegara a casa el marido,

Mujer casada ella era, —lo mantuviera escondido

para evitarse problemas—jaquecas, broncas y líos.
—¿Quién mancillándome el lecho—me impone el nefando signo?

brama encolerizado—poniendo en el cielo el grito

aquel marido engañado—aquel cornudo maldito.

Si al instante no respondes—armo un follón y un Cristo.
—No pienses mal ni acalores—esposo mío legítimo.
las apariencias engañan—incluso al más convencido,

Si en mi cama lo encuentras—y a mi cama este hombre vino,

es que sintiéndome sola—sintiendo el lecho vacío,

el diablo me tentó—mi virtud puso entredicho

y el escrúpulo venciendo—dar en el error me hizo,
en parejas circunstancias—nadie lo hubiera vencido,

que flacas son las mujeres—de un santo Padre el aviso.

No lo convencen razones,—ni argumentos retorcidos,

Quiere su honra lavar—su nombre lo quiere limpio,
y la costumbre le manda—hacer lo que sea preciso.
Él bien quisiera cargárselos,—donde los ha sorprendido,

Acuchillarlos sin más—o pegarles cuatro tiros,
pero le falta experiencia,—es novato en el oficio,

De modo que se resigna—nadie escapa a su destino,
no vuelve la vista atrás—no me acuerdo si te he visto.
Así termina esta historia—que a todos ha conmovido.

Tales cosas no sucedan—fuera de todos querido.






Enviar un comentario

nombre:
correo electrónico:
url:
Su comentario:

sintaxis html: deshabilitado

Búsqueda

Galerías

Calendario

« febrero 2020 »
lunmarmiéjueviesábdom
     
1
2
3
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
19
22
23
 
       
hoy

Enlaces

RSS