Pensamientos

26 de julio de 2019. Normalidad y aberración.

sábado 27 julio 2019

Nuestros patrones sexuales son producto de nuestro pasado biológico, resultado de la experiencia colectiva del hombre en su larga marcha evolutiva biológica y social. Posibilitan la coexistencia cooperativa de los seres humanos unos con otros. En el plano individual, crean equilibrio entre las demandas del instinto sexual y las realidades externas. No todas las culturas sobreviven -la mayoría no lo han hecho- y los antropólogos nos dicen que los graves defectos en los códigos e instituciones sexuales han llevado a la desaparición de muchas de ellas. Cuando multitud de personas piensan de manera similar acerca de las costumbres ancestrales, su comportamiento colectivo tiene un profundo impacto en el conjunto de la sociedad. Científicos, psicólogos, psiquiatras, líderes políticos, funcionarios públicos y otros con intereses creados, buscan hoy en día en la literatura fragmentos de hechos y teorías que se puedan unir en un concepto homosexual o bisexual de la naturaleza, el hombre y sociedad. Algunos dicen que los homosexuales son sanos, la sociedad está enferma y la ciencia debe curarla. Otros plantean cuestiones científicas falsas u obsoletas en su guerra con los valores tradicionales. Tal vez muchos de nuestros valores necesiten cambiar, pero la pseudociencia y la genética polémicas no demostrada no son el camino. Ninguna sociedad ha aceptado la homosexualidad con preferencia a la heterosexualidad. En ninguna parte es la homosexualidad, o la llamada "bisexualidad", un final deseado en sí mismo. En ninguna parte los padres dicen: "Es lo mismo para mí si mi hijo es heterosexual u homosexual". En todas partes los homosexuales son una pequeña minoría. En ninguna parte la homosexualidad per se coloca a uno en una posición envidiable. Para algunos defensores de la homosexualidad, la enfermedad mental es un producto de la definición social, y la conducta sexual normal para una sociedad, para otra es desviada. Los hechos prueban que para todas las enfermedades y todos los comportamientos, esto no es cierto. Algunos comportamientos son universalmente tenidos por desviados y todas las sociedades los consideran destructivos. Todas las sociedades consideran tabú el incesto, la violación y la violencia psicópata. También lo es la homosexualidad predominante o exclusiva o incluso la bisexualidad. No se debe perseguir ni maltratar a los homosexuales, qué duda cabe, han de ser  iguales a los demás ante la ley, pero eso no quita que la homosexualidad no deba ser fomentada. Los enemigos de la heterosexualidad son temibles y no descansan. Llaman "cruel e inhumano", "antidemócrata" o "irresponsable, homófobo y atrasado" a todo aquel que considera anormal y errónea la conducta homosexual. Los medios de comunicación, el cine y la prensa los apoyan y hacen que el ciudadano común que desaprueba tales prácticas se calle ante los ataques (así como los miembros débiles de las profesiones psiquiátricas y psicológicas). Pero la heterosexualidad tiene un valor adaptativo evidente: décadas e incluso siglos de cambio cultural no desharán miles de años de selección y programación evolutiva. El hombre no es sólo un animal sexual, sino uno que cuida de los otros, se agrupa y cría a sus hijos. El diseño hombre-mujer se enseña al niño desde el nacimiento y el sistema conyugal lo arraiga culturalmente. La anatomía lo determina puesto que deriva de células que, en la escala evolutiva, cambiaron para formar sistemas de órganos y, finalmente, individuos adaptados recíprocamente unos a otros. El diseño masculino/femenino, macho/hembra, perdurará y sólo el miedo, el falso orgullo y los actos individuales equivocados pueden perturbarlo o desviarlo. En palabras de Shakespeare, todo esto "hace llorar a los ángeles".






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