Pensamientos

26 de junio de 2018, la ciudad y el campo

martes 26 junio 2018

 Ayer  y en relación con el problema de la inmigración se publicaba un artículo acerca del campo y la ciudad, En África la gente abandona los poblados rurales. Durante generaciones, sus padres y abuelos han vivido en el campo y del campo, pero ahora los hijos y nietos se van a la ciudad. Pero en la ciudad no encuentran trabajo, son mano de obra barata que no sabe hacer nada diferente de lo que hacía en la aldea, ordeñar las vacas o cabras, cuidar de los animales, etc. etc, La ciudad de Lago, por ejemplo, capital de Nigeria, tenía en los años 50 menos de un millón de habitantes; hoy tiene 20 millones y se piensa que en el 2050 tendrá el doble de ese cantidad, 40 millones. Otro tanto sucede con la capital de Kenia, Nairobi. Es insostenible. Las ciudades no pueden acogerlos al mismo ritmo al que llegan ni ofrecerles los necesarios servicios. Por consiguiente ellos levantan chabolas en los suburbios, viven en medio de la miseria y la suciedad y trabajan a duras penas en los empleos más ínfimos. Y luego es imposible urbanizar el suelo que ocuparon. O se embarcan en una patera y vienen a Europa donde su suerte será por lo menos incierta. Tampoco en ella se irán a vivir al campo y en cambio se quedarán en la ciudad donde vivirán de empleos precarios o con subvenciones y ayuda humanitaria de la caridad. El abandono del campo pasa incluso en Galicia. Los gobiernos han hecho muy difícil, por no decir imposible, vivir en la aldea labrando las fincas. Una amiga mía, cuya madre vivió siempre en el campo y de él, me dice que ahora no sale a cuenta cultivarlo, porque lo que cosechas tras sudores y esfuerzo te sale más caro que lo que luego obtienes si quieres venderlo. Las patatas o el maíz, tan característicos de Galicia, (como los limoneros, no había casa que no los tuviese) que antes cosechabas y de lo que vivías, hoy te sale más barato comprarlos en el supermercado. Ni siquiera puedes criar pollitos, cosa que antes se hacía por descontado, todo el mundo tenía gallinas e incluso conejos, pero ya no lo hace, porque hay que pedir permiso para tenerlos e incluso declarar cuántos se tiene. De un cerezo que antaño le crecía al lado der la casa y que daba gloria verlo cuando con la primavera se cuajaba de rojos frutos, ahora no puede comer las cerezas porque hay que dejarlas al descubierto para que las coman los pájaros. Si las tapas con una red para evitarlo, una vecina envidiosa puede denunciarte y te multarán. Antes todo el mundo mataba su cerdo; hoy, ni hablar. Hay que declararlo y solo puede matarlo una persona facultada como matarife oficial tras haber cursado los estudios necesarios. Y así por el estilo. Vivir en la aldea se ha vuelto imposible. Solo en Galicia hay cientos de aldeas abandonadas, en las que no vive ni un solo vecino. Pasas por ellas y se te cae el alma a los pies. ¡Cuánta tristeza, ver desierto y dejado a monte lo que antaño eran campos risueños en los que crecían los viñedos y las cosechas del otoño! Hay que hacer que la gente encuentre en el campo lo que hoy encuentra en la ciudad.






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