Pensamientos

27 de agosto de 2019, Dionisio, un extraño en la ciudad. (termina)

miércoles 18 septiembre 2019

 Sin dudarlo un momento, los habitantes de Tracia llevan a Licurgo al monte Pangea, lo atan a caballos salvajes y lo descuartizan. Con Licurgo muerto, Dioniso levantó la maldición. Ahora puede reanudar el viaje, va hacia el sur y llega a la India, Zeus le ha encargado una misión. Por orden suya, deberá aniquilar a la población que se ha mostrado impía con los dioses prefiriéndoles diferentes deidades con cabeza de elefante o múltiples brazos. Castigar a aquellos que no respetan a los dioses, sólo con esta condición, le dijo su padre, entrará en el Olimpo. Dionisio obedece. Pero no necesita luchar, los lugareños ya están bajo su hechizo. Su llegada da lugar en todos lados a desfiles donde aparece de pie en un carro adornado con pámpanos y hiedra tirado por panteras acompañadas de sus fieles ménades y sus sátiros. Viaja por las ciudades en un torbellino de gritos, canciones y bailes, al son de flautas y panderos. Su victoria es total. Pero el viaje de Dionisio aún no ha terminado. Le queda por conquistar una ciudad, Tebas, el lugar donde nació. La tarea que lo espera es difícil. Sabe que se lo verá como el extranjero y el nativo, él mismo y el otro. El rey Penteo gobierna la ciudad. Penteo representa el orden, la norma, y esta norma no puede ser perturbada bajo ninguna circunstancia. Cuando ve a estas mujeres que rodean en éxtasis a Dionisio, medio desnudas y delirantes, Penteo se turba profundamente. Las mujeres deben quedarse en casa, criar a sus hijos, cocinar y desentenderse del resto. Y entonces, ¿quiénes son estas personas extrañamente vestidas que hablan idiomas extranjeros? No son griegos, y para Penteo todo lo que no sea griego, es bárbaro. Tan pronto como Dionisio ha cruzado los muros de Tebas, cuenta la historia de su nacimiento y revela a quien quiera escucharlo que él es un dios, el hijo de Zeus. Todo el mundo se ríe, el rey, la reina, la gente de la calle. ¿Qué, ese miserable mendigo que acompaña a estos bárbaros hijo del rey del Olimpo? Las propias tías de Dionisio, las hermanas de Sémele, Ágave, Ino y Autónoe, son las primeras en burlarse, nunca quisieron creer que su hermana pudiese haber seducido a Zeus; por el contrario, hicieron correr el rumor de que Sémele, para no descubrir al hombre que la había dejado embarazada, había afirmado que el padre de su hijo era Zeus y que el dios la había matado para castigar su jactancia. Los tebanos expulsan al infeliz Dionisio como si fuera un leproso a pedradas y a palos. Él corre a refugiarse en los bosques del monte Citeron, que domina Tebas. Allí se sienta sobre una roca y entierra la cabeza en las manos. En otros lugares se lo adora y considera como un dios. ¿Por qué Tebas, la ciudad de su madre, no lo quiere dentro de sus muros? Por la noche, Dionisio reúne a sus seguidores, enciende uns enorme hoguera alrededor de la cual hace brotar fuentes de vino y comienza a bailar con las ménades danzas sensuales, con los sátiros de dorso deforme y con los centauros, a un ritmo acelerado. Luego, en medio del estruendo de los tambores, al son de los fifes y las flautas, desciende a la ciudad. Para vengarse de quienes lo habían maltratado, empieza enloqueciendo a sus tías, luego a la esposa de Penteo y finalmente a todas las mujeres de Tebas que, delirantes, incapaces de dominarse, en éxtasis y locura, dejan su casa medio desnudas, abandonan a sus hijos y a sus maridos y comienzan a adorar al nuevo dios. Dionisio las aplaude y les ordena que se unan a las ménades del monte Citeron. Allí, juntas, podrán entregarse sin freno a placeres y libaciones orgiásticas. Pero la venganza de Dionisio aún no está completa, No olvida a Penteo, el rey que lo humilló. Al caer la noche, Dionisio se disfraza de sacerdote y se dirige al palacio. Busca a Penteo y le relata el increíble día, lo que está pasando. Poco a poco logra convencerlo de que lo acompañe al monte Citeron. Pero por si acaso, le aconseja vestirse de mujer. Finalmente Penteo acepta, en el fondo también él quiere ver ese mundo femenino lujurioso que amenaza a la ciudad. Y el monarca pacato y virtuoso, se suelta el pelo y se pinta las pestañas y las cejas de colores chillones, en realidad ya está bajo el poder de Dionisio. Al llegar a lo alto del Citeron, Dionisio le muestra un árbol al que podrá subirse para contemplar desde allí el espectáculo sin que nadie se dé cuenta. Pero es demasiado tarde. Las mujeres, desenfrenadas, borrachas de vino, posesas, lo han visto y han reconocido en él a un hombre disfrazado. Se lanzan sobre él, lo hieren, lo destrozan, incluso su propia madre está con ellas. Penteo intenta desesperadamente darse a conocer, pero ella, poseída de frenesí, le arranca un brazo. Entonces las otras mujeres literalmente lo hacen pedazos. Finalmente, su madre, que todavía no lo ha reconocido, le corta la cabeza, la planta en un palo y se va con orgullo, blandiendo el trofeo mortal. Cuando las mujeres de Tebas recuperan la cordura y regresan a su ciudad, Dionisio las espera, se acerca y les habla así: gente de Tebas, soy el mayor desafío jamás lanzado a la humanidad. Os habéis dejado coger por los hábitos, como todos los mortales, reverenciáis el orden y el rigor, que ciertamente son indispensables para vivir en paz dentro de la ciudad, pero rechazáis la parte de la extrañeza que os asusta y, sin embargo, se halla en lo más profundo de vosotros. Yo soy el otro, el extraño, el diferente, y he venido a revelaros esa parte oscura vuestra; si la rechazáis, como me habéis rechazado a mí y expulsado fuera de vuestros muros, os perderéis, como se perdió el orgulloso Panteo, vuestro rey. Pero si aceptáis estas fuerzas salvajes, si las integráis en vosotros mismos en lugar de reprimirlas, entonces os salvaréis. Mi padre, el todopoderoso Zeus, me envía para enseñaros que la verdadera locura no es lo que generalmente se piensa. Locura es querer una vida perfectamente virtuosa, enteramente racional, sólo los dioses son perfectos, vosotros, los mortales, debéis estar atentos a no caer en estos dos excesos, admitir sólo la razón o negarla. Bienvenida sea la razón, pero aceptad también la parte de lo imprevisto, lo inesperado que al principio os asusta. Sólo con esta condición seréis libres. Después de que toda Grecia reconoció su divinidad, Dionisio continuó su viaje a través de las islas, dejando tras de sí por todos los lugares por donde pasó, a veces alegría y a veces temor. En la orilla de Naxos el dios ve a una hermosa joven que llora; es Ariadna, la hija de Minos. el rey de Creta. Teseo, su amante, acaba de abandonarla. Conmovido por su belleza y sus lágrimas, Dionisio la lleva al Olimpo, y, lo nunca visto, se casa con ella, una mujer mortal, ante todos los dioses reunidos. Ya todos reconocen el poder del hijo de Zeus, el papel de Dionisio en la tierra ha terminado, finalmente tiene derecho al cielo. Dionisio, el bastardo de Tebas, el extraño de la ciudad, tuvo que luchar duro para imponer su divinidad. Pronto el culto de Dionisio se estableció oficialmente en el mundo griego. En la primavera y el otoño las ciudades celebran grandes fiestas populares y dan a luz una forma esencial del arte griego, el teatro. Poco a poco los poemas se transforman en obras que se interpreta en lugares dedicados al dios, los famosos teatros antiguos, se declama versos que cuentan la vida de Dionisio y sus hazañas o las de otros grandes héroes de la mitología, los hombres se disfrazan de mujeres, se usa máscaras, se baila y se bebe. La horda ritual clandestina, los seguidores de Dionisio, para unirse a él, comen la carne de un animal sacrificado, el cuerpo del dios, y beben una copa de vino, su sangre. Dionisio es definitivamente un dios muy distinto de los demás. Pero la historia de Dionisio no acaba aquí. Más tarde, ya reconocido como dios a todos los efectos, colocó a su madre, Sémele, entre las estrellas. También se dice que en una ocasión el dios Hefesto, enamorado de Hera, la diosa principal del Olimpo y esposa de Zeus, la había apresado e inmovilizado en un trono de oro mágico. Dioniso lo emborrachó y lo llevó de vuelta al Olimpo, donde finalmente accedió a liberar a la diosa. Por otro lado, cuando Hestia, la diosa del hogar, decidió dejar el Concejo de los Doce y atender el fuego de las casas de los mortales, Zeus eligió a Dioniso para ocupar su puesto en el Olimpo como dios inmortal del vino, el jolgorio y las fiestas. Hay un tercer descenso de Dioniso al Hades. El dios, patrón del festival dramático ateniense, la Dionysia, quería devolver a la vida a uno de los grandes dramaturgos. Tras un concurso, entre Esquilo y Eurípides, elige al primero. Ya he dicho que Dionisio había encontrado en Naxos a Ariadna, la hija de Minos a la que Peseo había abandonado, y se había casado con ella. Tuvieron un hijo llamado Enopión, que se suicidó o murió a manos de Perseo. Unos dicen que su corona fue puesta en el cielo como una constelación. Otros, que Dioniso descendió al Hades una tercera vez para recobrarla y devolverla a los dioses. Calírroe era una mujer calidonia que rechazó los avances de un sacerdote de Dioniso. Ofendido el dios amenazó con provocar de nuevo la locura a todas las mujeres del país y ordenó al sacerdote sacrificar a Calírroe, pero él, en lugar de obedecer, se suicidó. Calírroe se arrojó a un pozo que más tarde recibiría su nombre. Hera incitó a Ate para que persuadiera a Ámpelo, un joven a quien Dioniso amaba apasionadamente, para que lo impresionase cabalgando un toro. Ámpelo lo hizo pero se cayó del animal y se rompió el cuello, y entonces se lo transformó en vid. Ate es la hija mayor de Zeus, sin que se sepa quién fue su madre. Instigada por Hera, Ate influyó sobre Zeus para hacerlo jurar que el día que le naciera un hijo habido con una mortal, haría que fuera un gran gobernante. Hera inmediatamente retrasó el nacimiento de Hércules y provocó el de Euristeo prematuramente, logrando así que éste obtuviese el poder destinado al primero. Encolerizado, Zeus arrojó a Ate a la tierra para siempre, prohibiendo que volviese al cielo o al Olimpo. Cayó en una montaña de Frigia a la que se dio su nombre. Ate vagó entonces por el mundo, pisando las cabezas de los hombres en lugar de la tierra, provocando el caos entre los mortales. No hay que olvidarse de presentarle ofrendas, para que no intervenga en las vidas humanas y se aleje de los mortales.






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