Pensamientos

27 de junio, humanizar a Dios.

miércoles 27 junio 2018

 En la actualidad negar la existencia de Dios es lo correcto. Varias veces se ha publicado con fanfarria la noticia de que según Stephen Hawkins Dios no existe. Citar en apoyo de una cuestión lo dicho por un personaje respetado por la inteligencia que se le atribuye o en todo caso sobresaliente en lo que esté de moda en el momento, es algo que hacen los que mandan cuando quieren convencernos de algo no siempre bueno. Si lo ha dicho fulano, tan listo y famoso, ¿cómo lo discutirías tú, una medianía a la que nadie conoce? Bien, vayamos al grano. Cuando por lo general alguien niega la existencia de Dios, está negando la existencia del Dios de la Biblia, la existencia de ese Dios en concreto, Jehová, Yahvé, el Dios Padre cristiano. Pero negar la existencia de Jehová no equivale a negar la existencia de algo que explique lo que existe. Es necesario explicar la existencia en abstracto. ¿Por qué existe algo en lugar de no existir nada? Esa es la pregunta que se hacía Leibniz. la cuestión fundamental, la madre de todas las preguntas. Los físicos dicen ‘explicar’ la existencia del mundo atribuyéndola al Big-Bang, el gran estallido con el que se supone que todo comenzó, siempre que se entienda por ese ‘todo’ nuestro universo. Atribuyéndola al Big-Bang y al campo inflatón o vacío cuántico que lo precedió; pero esto es meterse en honduras de la Física que aquí no vienen a cuento. El universo es contingente, es decir, no ha existido siempre, necesita por fuerza una causa y de nada vale decir que la causa es el campo inflatón, porque entonces nos preguntaríamos por la causa de ese campo y así hasta el infinito. La causa original, la causa que no ha tenido causa, es lo que yo entiendo por Dios. No existe Jehová, cierto, tampoco yo creo en él, pero sí existe sin duda una causa incausada. Todo efecto tiene por fuerza una causa. Me resulta cómodo llamarla Dios en lugar de complicarme la vida buscándole otro nombre. Lo llamo causa, en abstracto, sin querer decir una voluntad, alguien que dice quiero, hágase la luz, y la luz fue hecha. No, mi causa es un concepto abstracto, lo que precede a todo efecto. Entonces ¿qué pinta en el cuadro este Jehová en el que tantos han creído y siguen todavía creyendo? Este Jehová, como los otros dioses que lo precedieron, tiene la ventaja de que con él se ha humanizado a Dios, se lo ha acercado al ser humano, y eso está bien. El Dios que yo propongo, la causa desconocida de todo lo existente, la fuerza por detrás del universo, la fuerza que lo anima, es demasiado incomprensible para la gente común. El común de los mortales no filosofa, bastante tiene con ir viviendo. Por consiguiente ha sido necesario imaginar un Dios más cercano al ser humano. Los humanos necesitamos a Dios, es una necesidad elemental, necesitamos creer en Él, en un Ser que nos protege y nos ama, un ser que nos es cercano y se ocupa de nosotros, y por eso hemos inventado a Jehová primero y a Jesucristo después, sin contar a los innumerables dioses del paganismo original. Los seres humanos hemos humanizado a Dios para hacerlo accesible.






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