Pensamientos

29 de julio de 2019. Los grandes mitos: Heracles (sigue).

martes 30 julio 2019

 Esta es la primera hazaña de una larga serie de ellas. Heracles crece. Alcanza una talla impresionante. Está dotado de una fuerza muscular excepcional como no se ha visto jamás parecida. Zeus le ha dado el mejor maestro, pero el alumno no es nada dócil. Un día que su profesor de música quiere castigarlo por su insolencia, Heracles pierde los estribos, agarra su lira, la estampa en la cabeza del otro y lo mata. Este carácter impulsivo no agrada a sus padres, Alcmena y Anfitrión; Zeus les revela el origen del niño y ellos aceptan criarlo como hijo suyo. Temeroso de que Heracles no cometa de nuevo otra violencia, Anfitrión lo envía al campo a pastorearle los rebaños. Con la madera de un olivo viejo, Heracles se fabrica una maza. Será su arma favorita. Apolo, dios protector de los pastores pero también dios guerrero, le regala un arco y un carcaj. Cuando cumple 18 años, Heracles deja los campos y parte a descubrir el mundo. Muy pronto se enamora de Megara, la hija del rey de Tebas, Para seducirla acaba con los bandidos y delincuentes que dominan la ciudad y devuelve al rey su autoridad. Megara se convierte en su esposa. Le dará no menos de 8 hijos. Heracles está satisfecho. Helo aquí padre y marido de la hija de un rey cuyo trono heredará a la muerte del suegro. No se imagina lo más mínimo que allá en lo alto, entre las nubes, Hera no lo ha perdonado. Durante todo ese tiempo ha estado a la espera de la revancha. Ve a Heracles jugar tiernamente con sus hijos y sobre estas inocentes criaturas hará caer su venganza. Hera hace a Heracles perder la razón. Los efectos son terribles. Presa de la locura, Heracles tiene alucinaciones, cree que sus hijos son bestias feroces y con su arco los mata uno a uno. Comete pues el peor de los crímenes que cabe imaginar. Cuando recobra sus facultades, comprende el horror de su acto. Se desespera. Tiene que expiar su crimen. Es necesario. Entonces, pálido fantasma en medio de los mortales, va como penitente a Delfos y consulta al oráculo. Tu crimen es espantoso, ya no eres digno de que se te llame hijo de Zeus, incluso de ser un hombre, solo uno puede purificarte, aquel que por designio de Zeus se ha convertido en dueño absoluto de toda Grecia, tu primo Euristeo, el que ha nacido pocas horas antes que ti. Obedécelo en todo lo que te ordene, sea lo que sea. Solamente así podrás esperar que se te perdone. Heracles está destrozado. Odia la idea de ponerse al servicio de un tirano tan cruel como Euristeo, pero no puede elegir.  Cuando llega a presencia de su primo, éste lo mira con desprecio. Demasiado contento de ver el poderoso Heracles a sus pies como un esclavo, le indica a qué precio conseguirá purificarse. Tendrá que llevar a cabo doce trabajos, doce trabajos tenidos por imposibles. Y cuando hace la lista, inspirado por la inflexible Hera, incluso las viejas piedras del palacio se estremecen de horror. Así se levanta el telón sobre las fabulosas hazañas jamás llevadas a cabo por un hombre mortal. El primero de los doce trabajos hubiera podido ser fatal para Heracles, se trata de acabar con un animal monstruoso nacido de los amores de criaturas infernales. Un león, un león cuya piel prodigiosa es como una coraza, el león de Nemea. Cuando Heracles ve que ni siquiera las flechas mágicas que le ha dado Apolo consiguen atravesarla, decide combatir a la fiera con las manos desnudas. Consigue desnucarlo, romperle el cuello. Luego lo despelleja cuidadosamente y lo descuartiza. Con el cuero más duro que el hierro se fabrica un casco y una armadura impenetrable. Y vestido de esa manera regresa a la corte de Euristeo. (Continuará)






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