Pensamientos

2 de febrero de 2019, soy diabético.

sábado 02 febrero 2019

  Por desgracia, desde el 2006 padezco diabetes, por fortuna sólo de tipo 2. La voy llevando bastante bien, quiero decir, voy manteniendo en niveles aceptables los niveles de azúcar en sangre gracias a mis propios esfuerzos, sin ayuda de las medicinas. Me ha costado llegar hasta aquí. He ido aprendiendo lentamente, muy lentamente, más lentamente de lo que hubiera querido o hubiera sido bueno para mi bienestar. Porque en esto de las enfermedades pasa algo curioso, que al principio no te las tomas en serio, es como si pensaras, no, no puede ser, esto no me pasa a mí, he estado sano toda mi vida y esto de ahora no es posible. Cuesta trabajo admitir que estás enfermo y llegar a la conclusión de que no es cosa de broma, no es cosa de tomarlo a la ligera y que es a ti a quien corresponde hacer algo y tomar las riendas en el tratamiento. Porque para mi médico, yo soy un mal enfermo. Lo soy porque no la obedezco con los ojos cerrados. A veces se enfada incluso porque no hago sin discutir lo que ella me dice que debo hacer. Pero yo soy así, terco y erre que erre, me resisto a hacer algo si no estoy convencido de que está bien. Y hasta ahora me está dando buen resultado. Yo procuro escuchar a mi cuerpo, menos de lo que debiera, todo hay que decirlo, me ha costado tiempo llegar a hacerlo como lo hago, ya lo he dicho, pero como dice el refrán No se Ganó Zamora en una hora. Ja, ja, disculpadme la broma. La cosa empezó ya el primer día, dije a mi médico, yo creo en el dicho hipocrático Natura medicatrix, la naturaleza es médico, según el cual la primera interesada en curarte es la Naturaleza. ¡Qué gran verdad! Continuamente ella nos dice qué debemos hacer y qué evitar, no se cansa de hacerlo, pero nos hemos acostumbrado a no hacerle caso. La Naturaleza está de nuestra parte, es nuestra aliada, quiere que vivamos sanos y fuertes hasta que nos llegue la hora. El cuerpo nunca miente, solía insistir en sus libros la autora y psicoanalista Alice Miller, a la que he leído y releído un montón de veces. Pues bien, mi médico respondió de inmediato no, no es verdad, en este caso de usted la cosa irá gradualmente a peor, hoy empieza usted con la Metformina, medio comprimido dos veces al día, pero al final del recorrido tendrá usted que inyectarse insulina. Para mis adentros, yo me enfadé, vaya una agorera, me dije, piensa lo peor en vez de pensar lo mejor, esta mujer no tiene ni idea de lo que llaman el pensamiento positivo. Yo me enteré de esto de pensar en positivo allá por los años 60, a raíz de un libro de un tal Dale Carnegie titulado La Fuerza del Pensamiento Positivo. De primera intención me dije, basura americana, porque él hablaba de pensar en positivo para hacerse un lugar en la vida, un lugar al sol, hacerse millonario, llegar incluso a Presidente (del país más poderoso de la Tierra) como insiste en hacernos creer el mito americano. Pero con el tiempo he ido mudando de parecer y ya soy un firme creyente en el poder de cambiar las cosas por el simple procedimiento de creer que van a cambiar (sin exagerar, no obstante, y caer en la hubris tras los primeros éxitos, que es lo mismo que decir que te crees omnipotente; no, no lo eres, pero tampoco impotente, la verdad está en el justo medio) porque, veis, aquí hay dos vertientes, sin duda La Fe mueve Montañas, pero a veces no las mueve, depende un poco de la montaña de que se trate, ja, ja. No obstante, me he pasado con armas y bagajes al grupo de los que se esfuerzan en pensar en positivo. ¡Y da resultado, lo da, por mucho que el escéptico diga lo contrario. (Continuará)






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