Pensamientos

2 de julio de 2018, La Malibrán, (sigue).

miércoles 04 julio 2018

 Manuel y Joaquina estrenaban Agnese, de Paër, con Felicia en el papel de hija que tercia y arregla una pelea conyugal. De pronto, Joaquina perdió el hilo y la niña, ni corta ni perezosa, se puso a cantar en su lugar. Tan bien lo hizo que el público no dejó que la madre recuperase el papel hasta que terminara la hija. Pero ésta no tuvo tiempo ni ocasión para envanecerse, porque su padre era un maestro durísimo, que instruía a puntapiés a sus dotadísimas criaturas. En 1815, después de Waterloo, llegó la guerra hasta Nápoles y se desató una terrible peste. Los García y sus niños consiguieron huir atravesando las trincheras sanitarias y llegaron a París. Pero García decidió poner a su hija a salvo de incertidumbres y la metió interna en Hammersmith, un colegio-convento cercano a Londres. De allí salió a los dieciséis años, muy guapa y capaz de expresarse bien en cinco idiomas. Volvió a soportar la dura disciplina paterna y a propuesta del propio Manuel García debutó como suplente de la suplente en El Barbero de Sevilla en 1925. Después de actuar en Londres retornó a París. Los poetas cantaron su belleza española, los críticos alabaron su voz prodigiosa y el público se rindió ante aquella fuerza de la naturaleza. El que no se rendía ni se conformaba era el padre, que tuvo la ocurrencia genial de marchar a Nueva York, un poblacho al que entonces no iba nadie. Los García eran cinco en aquel viaje, ya que llevaron también a la pequeña Paulina, de cinco años. Todos cantaban menos ella, porque no tuvo oportunidad, que ganas y talento musical le sobraban. Así pudieron presentar una compañía de una altura desconocida en aquellas tierras. Pero la buena racha no duró, porque Felicia estaba en edad de enamorarse y los pretendientes no faltaron. Ya en el barco se enamoró de ella el hijo de Robert Owen, el famoso inglés defensor del socialismo utópico. La familia García era liberal de izquierdas, de modo que el muchacho y ella se cayeron muy bien hasta que el padre hizo cálculos y prefirió el interés pecuniario a las coincidencias ideológicas. Tras desembarcar, vieron un día entre el público que asistía a su actuación al destronado rey de España José Bonaparte en compañía de Fenimore Cooper, a cuyo lado se sentaba el poeta Fitz-Greene Halleck, que perdió la cabeza por la joven Felicia. Ella aceptó su propuesta de matrimonio, pero el padre se opuso también a la nueva relación. Y pocos meses después y para huir de la tiranía en casa, se casó de pronto con un tal Malibrán y presunto banquero ante el cual el padre ya no pudo oponer resistencia. (Seguirá).






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