Pensamientos

30 de julio de 2019. Los grandes mitos: Heracles (sigue).

miércoles 31 julio 2019

 Euristeo lo envía entonces a enfrentarse a otra criatura demoníaca, la hidra de Lerna. Es una serpiente gigantesca que tiene nueve cabezas y devora a todo ser vivo que se le pone al alcance. Además su aliento es mortal. Heracles la ataca con la espada, pero cada vez que le corta una cabeza, le nacen otras dos. Cada golpe que él le asesta, la fertiliza. Asaltado por todas partes, Heracles se ve perdido. Justo en ese momento la diosa Atenea le inspira la solución. Con una antorcha encendida, va quemando las cabezas del monstruo sin darle tiempo a renacer. Cuando ya no le queda más que una, Heracles alza su espada y decapita a la bestia maldita antes de reducirla a cenizas. Entonces moja la punta de sus flechas en el charco de sangre y las impregna de un potente veneno que mata a todo el que las toca. Los trabajos de Hércules no han terminado aún. Euristeo le ordena capturar y llevarle viva la cierva del monte Cerineo consagrada a la diosa Artemisa. Tenía pezuñas de bronce y astas de oro. Era tan veloz que nadie conseguía cazarla. Hércules la persiguió durante todo un año. Al llegar al país de los Hiperbóreos, estaba tan cansada que al cruzar un río Hércules la alcanzó y apresó sin apenas hallar resistencia. A continuación Hércules tiene que capturar un gigantesco jabalí que devasta la región de Erimanto. Lo persigue hasta lograr encerrarlo en un desfiladero sin salida. Allí, gracias a sus fuerzas superiores, logra reducirlo. Cuando se presenta con el cuerpo del jabalí, Euristeo se esconde en una tinaja y desde ella le ordena dirigirse a la laguna Estinfalia donde una increíble bandada de pájaros anida entre los juncos. Tienen de bronce la cabeza, las alas y el pico y se sirven de sus plumas como flechas que lanzan contra los humanos antes de devorarlos. Una vez más la diosa Atenea lo ayuda.  Le entrega un instrumento desconocido hasta entonces, un par de cimbalos broncíneos que, cuando Heracles los hace chocar uno con otro producen un ruido tal que espanta a las aves y las hace dispersarse lo suficiente para que el héroe las vaya matando una a una con su arco y flechas envenenadas. Apenas llegado de vuelta al palacio de Euristeo, éste le encarga una nueva misión. Tendrá que robar a Gerión su rebaño. Gerión es un monstruo de tres cuerpos y se lo considera el hombre más fuerte del mundo, reina en unas tierras al cabo del mundo separadas por un estrecho canal. Tras un combate terrible, Heracles derriba al gigante y se apodera de sus rebaños. En ese lugar, que se hará legendario, levanta dos columnas de piedra a un lado y otro del estrecho que más tarde se llamará las columnas de Hércules. Pero el más asombroso de los doce trabajos es sin duda la limpieza de los establos de Augias. Augias es un rey tan rico como perezoso. Posee un enorme rebaño de toros blancos, pero estos animales sagrados viven en unos establos sucísimos y muy malolientes. Hace más de treinta años que nadie los ha limpiado. Para hacer la tarea aun más difícil, Euristeo impone a Heracles llevarla a cabo en veinticuatro horas. ¿Qué hacer? El héroe abre una amplia brecha en el muro y después desvía el curso del río Alfeo cuyas aguas turbulentas penetran en los establos y arrastran consigo todas las inmundicias que hallan a su paso hasta verterlas en el mar. Todavía tiene que capturar el toro de Creta, el Minotauro, que el rey Minos va a ofrecer en sacrificio al dios Poseidón. Hércules consigue doblegarlo y lo lleva a Tirinto, donde lo presenta ante Euristeo, que lo deja en libertad. El toro muere tiempo después a manos de Teseo en Maratón. El siguiente trabajo consiste en llevar a Tirinto las yeguas de Diomedes. Son animales salvajes a los que su amo alimenta con carne humana. Hércules consigue domarlas dándoles de comer la carne de su propio amo. Euristeo le encarga otro trabajo más. Tiene que ir al país de las amazonas y apoderarse del cinturón de la reina, Hipólita. Hércules llega al mar Negro, habla con ella y la convence de dárselo, pero la diosa Hera hace correr el rumor de que Hércules quiere secuestrarla. Las amazonas se enfrentan al héroe. Tras una sangrienta batalla en la que Hipólita muere, Hércules consigue el cinturón. Ahora deberá traer del jardín de las Hespérides las manzanas de oro que Gaia, la diosa de la Tierra, había regalado a Hera con ocasión de su matrimonio con Zeus y que según se decía otorgaban a los dioses la eterna juventud. El jardín se hallaba donde el sol se ponía y lo vigilaban las ninfas Hespérides y una serpiente, pero nadie conseguía localizarlo. Tras buscarlo durante mucho tiempo, Hércules consulta a Nereo, que conoce todos los secretos. Lo encadena y lo fuerza a confesarle donde está el jardín. Acude entonces a Atlas. Atlas sostiene sobre sus espaldas la bóveda celeste y se presta a ayudarlo matando a la serpiente que vigila el jardín si mientras tanto él carga con el cielo; el héroe acepta y Atlas mata a la serpiente y le consigue las manzanas. (Continuará)

 






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