Pensamientos

31 de marzo de 2019. EN FRANCIA.

domingo 31 marzo 2019

 Dice la noticia: "En Francia cada 3 días muere una mujer a manos de su hombre. Cada 14 días muere un hombre a manos de su mujer." Todo el mundo "correcto" clama hoy contra el hecho de que algunos hombres maten a la que antaño se llamaba su esposa y hoy se llama su compañera sentimental. Pero es curioso, cuanto más se clama y trompetea y desfila en manifestación, más mujeres mueren. Cualquiera pensaría que debido a algún efecto perverso insospechado precisamente la demente publicidad que se da a los casos los multiplica. La guinda la acaba de poner ese maduro (40 años) que el mismo Día de Protesta contra la Violencia de Género apuñaló a su ex esposa madura (43 años). No consigo comprender las razones de que una persona mayor que tanto tiene que perder con su acto y a la que sus vecinos consideran absolutamente "normal", por no llamarla ejemplar, se la juegue así bonitamente y se arriesgue a ir a la cárcel por lo que le quede de vida. El famoso machismo con que algunos lo explican no me convence; tiene que ser algo mucho más profundo. Hablando de machismo; ayer, en la película GoldenEye, la nueva Jefa de James Bond, esa mujer con cara de perro que aún no hace mucho suplantó al varón que hacía de Jefe, le dice así tan tranquila: Ni por asomo se imagine usted señor Bond, que no tengo huevos bastantes para enviarlo a morir; los tengo. Y yo me reí. Tiene gracia; la mandamás, que lo es porque la corriente feminista ha impuesto  que una cuota de mujeres ocupe puestos de mando, presumiendo de "güevos". Hay para morirse. En todo caso lo que entre nosotros está sucediendo deja a uno perplejo. Todo va por rachas. Ahora toca fijarse en la violencia de algunos hombres contra algunas mujeres. (Que no se trata de los hombres contra las mujeres). Hasta que pase de moda. El siglo pasado el que un hombre cualquiera aporreara a su mujer era cosa ordinaria. Pese a las protestas, con que al parecer se pretende remediar el mal, lo que hoy pasa sigue siendo escandaloso. Lo último del despropósito es el letrero en mayúsculas que exhiben los autobuses urbanos. ¡MALDITOS AGRESORES! (Los autores parecen desconocer la gramática del bien hablar). Según se dice, la idea genial se le ha ocurrido al colectivo feminista vigués Alecrín. ¡Maldito Alecrín! -me siento yo tentado a gritar; con lo cual se ve que la violencia engendra de inmediato nueva violencia. ¿Desde cuando la violencia arregla nada? Las supuestas agredidas responden agrediendo. Un clavo saca otro clavo. Lo que antes te enfermó, ahora te cura. Conozco a una viuda de cuarenta años que solía ser una persona "normal", es decir, que no daba más que otras la nota en lo que quiera que fuese. Pero un mal día la captaron para la causa las de Alecrín. Esta mujer acude a la tertulia que mantiene un licenciado en Historia y escritor galleguista. Pues bien, desde que se hizo adepta del nuevo integrismo, esta señora, por llamarla de algún modo no desfavorable, se ha puesto a despotricar contra los hombres. No falta día en que a la mínima ocasión no empiece a disparatar por la boca, que si no hay hombre bueno, que hay que enseñarles a todos la lección, y así por el estilo, y hay que tirarle de las riendas y poco menos que ponerle un bozal para que se tenga y se calle. Otra que tal era una profesora de la Secundaria. Día sí y día también, a la hora del recreo matutino y en la sala de profesores se ponía a decir virulencias contra el género masculino, que si los hombres (todos) eran atroces, que si había que caparlos a todos, que todo acto sexual era una violación, que por más que se los hiciese padecer en revancha aun se quedaría uno corto, en fin, dejaba en mantillas a la virulentísima americana Betty Friedan de los años 60. Los presentes, por prudencia, imagino, se callaban; incluso el marido, que estaba allí; sólo una colega profesora, supongo que amiga de la otra, asentía cortés con monosílabos ocasionales a la que así desbarraba. Un buen día, uno de los profesores que asistía mudo a tanta sandez no quiso sufrirlo por más tiempo y, sin dirigirse especialmente a ella, algo así como para la galería, dijo: Vale, mujer, ya no hay pocas guerras en el mundo como para que tú vengas ahora a echar leña al fuego predicando la cruzada de las mujeres contra los hombres. ¡Cómo se puso la tal! Se soliviantó de inmediato, alzó histérica la voz, como si la hubiesen mordido, salió pitando de la sala y se fue derecha poco menos que con lágrimas en los ojos a quejarse a la dirección de que aquel profesor acababa de maltratarla. Felizmente el director -que le conocía la desequilibrada manía- no le siguió la corriente y la cosa no pasó de ahí. Bien; a la vista de estos casos que cito y otros que pudiera añadir, resulta evidente que las famosas "defensoras de la mujer oprimida" no quieren en verdad que la cosa se acabe, sino tomar la sartén por el mango y si es posible devolver ciento por uno del mal que por ventura han padecido. Con esto regreso a las dos primeras líneas con que comienzo este escrito y llamo la atención al hecho de que se aísle la violencia hombre-mujer de las otras muchas violencias que son el pan de cada día. Hay violencia varón contra hembra, pero hay también la contraria, la de (algunas) hembras contra (algunos) varones, y la de los jóvenes, la de adolescentes hembra contra adolescentes hembra, y la de los niños contra otros niños, y la de todos contra todos, por no cansar al lector. De donde se infiere que no se acabará el horror -que es lo que en puridad se ha de querer, a lo que han de tender el esfuerzo y los tiros- mientras no se vaya a las fuentes de la violencia en general, en lugar de aislar y proyectar coyunturalmente en la gigantesca pantalla de los medios de masas sólo una de sus manifestaciones. En resumen, ruido, ruido, escándalo, falsedad, mentira y diabólico esperpento.






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