Pensamientos

31 de julio de 2019. Los grandes mitos griegos: Heracles (termina).

jueves 01 agosto 2019

Pero la prueba más aterradora es sin duda la última. Heracles tiene que llegar hasta el más profundo interior del reino de los muertos, al extremo del infierno, y traer a tierra al can cerbero el perro tricéfalo que guarda las puertas del mundo subterráneo. Aconsejado por Atenea y por Hermes, Heracles penetra en las tinieblas, atraviesa la laguna Estigia y se presenta ante Hades, el señor de los infiernos. Le pide que se le entregue Cerbero. Hades acepta, con una condición, que Heracles consiga dominar a la fiera sin recurrir ni a su maza, ni a sus flechas envenenadas. No se sabe con certeza qué sucedió ese día en las orillas de la laguna Estigia, nadie vendrá nunca a contárnoslo, y también los dos combatientes guardarán silencio. ¿Amansó a Cerbero la fuerza de Heracles? ¿O bien se rindió ante el coraje y la abnegación con los que aquel hombre mortal purgaba su antiguo crimen? Lo que es cierto es que el primo de Heracles, el rey Euristeo que desde el principio le encomendó los doce trabajos se espantó ante la terrible visión. Heracles ha realizado los 12 trabajos. Ya está purificado. Se dirige entonces a Ecalia donde reina Éurito, del que había aprendido a manejar el arco en su juventud. Éurito cree que él y sus hijos son los mejores en el manejo del arma y por eso promete dar a su hija Yole en matrimonio a quien lo venza en una competición. Heracles acepta el desafío y los vence fácilmente. Sin embargo, el rey se niega a darle la mano de su hija, pues teme que le suceda lo que a la antigua esposa. Al sentirse rechazado, Hércules se enfada, blande la espada y pelea con el rey. Dos de sus hijos pelean con él, excepto el más joven que se le enfrenta porque la causa de Hércules le parece justa. Sin embargo en el fragor del combate, Hércules no distingue entre enemigos y amigos e Ífito sale despedido desde la torre en la que peleaban. De nuevo Hércules ha matado a un inocente, de modo que regresa a consultar el Oráculo. Su purificación está clara: tiene que ponerse al servicio de la reina Onfale de Lidia durante 3 años. La reina lo humilla, haciéndole vestirse de mujer e hilar el lino a sus pies. Al fin, Hércules recobra la libertad. Tras muchas aventuras, llega a Calidón, en Etolia, donde encuentra a la deslumbrante Deyanira. Deyanira es tan bella que, a los pocos días, Heracles se casa con ella. Pero Hera no lo ha perdonado y se apresta a acabar con él de una vez. Cuando la pareja llega al río Eveno y quiere cruzarlo, una crecida repentina se lo impide. Heracles es un buen nadador, pero no puede desafiar el tumultuoso torrente con su mujer a hombros. Aparece entonces un centauro, Neso, que se ofrece a llevar a la joven sobre su grupa mientras Heracles cruza a nado la corriente. Heracles acepta. El centauro llega el primero al otro lado. Cuando Hércules pone el pie en la orilla, oye gritar a Deyanira. Neso está intentando violarla por todos los medios. Hércules pone en su arco una de las flechas envenenadas. Dispara y le atraviesa el corazón. Sintiéndose morir, Neso se quita la túnica y la tiende a Deyanira. Heme aquí bien castigado, lo he merecido, le dice, pero que al menos mi muerte te sirva de algo. Toma esta túnica, mójala en mi sangre y ofrécesela a tu marido. Cuando sientas que empiezas a perder su cariño, no dudes en usarla y recuperarás su amor al instante. Deyanira hace exactamente lo que le aconseja el centauro. Heracles regresa a Ecalia y rapta a Yole. Para celebrarlo, ofrece a Zeus un sacrificio de doce bueyes. Pide a Deyanira una túnica nueva pues la que lleva no es digna de la ceremonia. Deyanira, muerta de celos, le ofrece la de Neso. Al principio Heracles siente sólo un ligero escozor, después un picor atroz y finalmente un fuego ardiente que lo devora desde dentro. Arrastrándose de dolor, trata de arrancarse la túnica, pero se arranca la piel, pegada a ella. Comprende entonces la trampa en que Deyanira se ha dejado coger. Zeus no puede hacer nada. Es la ley del destino, le recuerda Hera triunfante. Entonces, testigo impotente, el rey del Olimpo espera a que la muerte acabe su obra. Cuando Heracles exhala el último suspiro, Zeus lanza sus rayos, una nube aparece de pronto que entre relámpagos y truenos transporta al héroe al cielo donde moran los dioses. He aquí que entra en el reino de su padre. Lo espera la inmortalidad. Heracles es ya uno de ellos.      






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