Pensamientos

3 de Agosto de 2019, Zeus conquista el poder. (Termina.)

jueves 08 agosto 2019

 Pero cuando el resultado de la lucha parece incierto, Gaia, esa abuela sombría y luminosa, muda y a la vez locuaz, dice a Zeus que para sólo ganará si une sus fuerzas a los de la misma generación que los Titanes, los Cíclopes. Siendo deidades primordiales, los Cíclopes poseen todavía la brutalidad y violencia inherentes a la primera creación; Además, añade Gaia, darán a Zeus el arma absoluta, el trueno, el relámpago y el rayo. Pero de momento languidecen en lo más hondo del Tártaro, la parte más remota y terrible del inframundo, donde Cronos los arrojó. Si Zeus los libera, ganará su apoyo. Zeus acepta y, con la ayuda de estas criaturas tuertas, vence pronto a los Titanes. ¿Será por fin la paz? No. Gaia, que había ayudado a su nieto a tomar el poder, ahora le reprocha haber excluido para siempre de él a sus propios hijos, los Titanes. Así que lanza contra Zeus a los Gigantes, criaturas invencibles, y comienza una nueva guerra, la Gigantomaquia, que durará hasta mucho después de la aparición de los mortales sobre la tierra.  Al lado de Zeus, sus hermanos, hermanas e hijos organizan la pelea.  La lucha es feroz. Zeus logra apoderarse de la hierba mágica; esa hierba, se dice, que hace invulnerables a los gigantes, pero inútilmente. Gaia persiste. Sabiendo que no podrá ganar sin la ayuda de un mortal, Zeus tiene una idea, se une con la hija del rey de Micenas, Alcmena, que da a luz a un personaje dotado de una extraordinaria fuerza muscular, Hércules.  Zeus hiere uno a uno a los gigantes y Hércules los remata con sus flechas.  Una vez más, Zeus vence a sus enemigos. Y como para dejar un rastro perenne de su victoria, deposita en Delfos la gran piedra que Cronos había tragado y devuelto en su lugar; es el onfalos, el ombligo del mundo. Todavía está allí en nuestros días. Se podría pensar que está todo resuelto, pero no es así. Zeus ha de superar un último obstáculo y bastará con decir que este obstáculo es grande, porque para vengarse una vez más por el destino reservado a sus hijos, los Titanes, Gaia se ha unido al Tártaro, la región más remota, la más peligrosa del inframundo. De esta unión ha nacido una criatura monstruosa, Tifón, medio hombre, medio fiera. Su cabeza toca las estrellas; sus brazos extendidos llegan del Este al Oeste; el fuego brilla en sus ojos mientras que la parte inferior de su cuerpo está rodeada de serpientes. Como si su solo aspecto no bastara para aterrorizar a sus enemigos, cuando se desplaza, Tifón lanza gritos aterradores similares tanto al bramido del toro como al rugido del león. El Olimpo entra en pánico. Los dioses huyen a toda prisa al Egipto donde adoptan formas animales, Apolo se convierte en un milano, Hermes, en  un ibis, Ares, en un pez, Dionisio, en una cabra, Hefestos, en un buey; sólo Zeus planta cara al monstruo. De esta huida a Egipto resultará un inesperado entrelazamiento de las deidades griegas y las egipcias. Se identificará a Tifón con Set, el hermano enemigo de Osiris. Zeus será asimilado a Horus, Dionisio se convertirá en Osiris, Deméter, en Isis, etc. Sorprendente mezcla de dos mundos que en principio nada debería haber unido. Pero volviendo a la lucha que nuestro héroe, Zeus, libra contra Tifón, fue breve y despiadada. Mientras Tifón lo buscaba por todo el mar de Sicilia, Zeus levantaba el monte Etna y lo lanzaba contra su enemigo. Enterrado Tifón bajo el Etna, la autoridad de Zeus es finalmente absoluta. Es el amo indiscutible de los dioses. Llegada la hora de compartir el universo, Zeus se otorga el poder supremo y elige el reino de los cielos como residencia. Nombra amo de los mares a Poseidón, su hermano mayor; da a Hades, su otro hermano, las llaves del inframundo para que reine sobre los poderes infernales. El universo es ahora jerárquico y organizado. En lo más alto reina el que ha puesto orden en el mundo nacido del caos. Todo lo que había en el cielo ha sido expulsado, ya sea encerrado en el Tártaro o enviado a la tierra con los mortales. Un dios todopoderoso ha nacido. Pero este dios no impone dogmas, no necesita sacerdotes. Zeus, que ahora va a gobernar el mundo, debe asumir una pesada tarea, establecer el orden, pero también evitar el despotismo.






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