Pensamientos

3 de julio de 2019, sigo con Alma Mahler

miércoles 03 julio 2019

 La fama de Alma Mahler se debe en primer lugar a sus matrimonios y sus affaires con los más grandes artistas de su época, el más notable de ellos el compositor Gustav Mahler, dice la biografía de Wikipedia. Justamente, fue cuatro veces esposa y varias veces amante, con la curiosa coincidencia de que todas sus parejas fueron gente famosa o en camino de serlo. Y nunca fue feliz en sus relaciones. Se dice que ellos la amaban a ella más que ella los amaba a ellos. Se dice también, como argumento, para demostarlo, que ellos la amaban porque le dedicaban su obra, Mahler le dedicó una de sus sinfonías, Klimt, un su amante pintor, le dedicó uno o varios de sus cuadros, un su marido escritor le dedicó varios de sus libros y así sucesivamente; pero pese a tanto ‘amor’, ella nunca se sintió feliz y satisfecha de su vida en pareja. Se ve que el ‘amor’ que ellos le mostraban no era el ‘amor’ que ella quería o necesitaba. Tal vez la anécdota siguiente aclare por dónde iban los tiros. En una ocasión alguien le reprochaba que traicionara en la cama a una de sus parejas famosas y ella le respondió; prefiero un caballo de batalla a un asno acaramelado. O algo por el estilo. La pura realidad. ¿Quieres que tu pareja femenina te ame? ¡Sé sexualmente potente! No hay mujer que se resista a este argumento. Pese a lo que digan románticos de toda especie y feministas de línea dura. Por desgracia, en los tiempos que corren y en la cultura en que vivimos, encontrar a un hombre virilmente potente es cada vez más difícil. Por un lado, lo impide el estilo de vida, el estrés profesional y todo eso; no lo digo yo, lo dicen los entendidos, el esperma de los hombres de hoy es cada vez más deficiente; faltan los espermatozoides, los hay en mucha menor cantidad que antes, hasta un 50% menos, y son menos fecundantes. Y por otro lado, el martilleo constante social contra el macho para volverlo más ‘tierno’ y ‘comprensivo’ acaba con su virilidad, es decir, su potencia sexual. Por favor, que nadie vea aquí un deseo de volver al hombre de las cavernas que, según el folclore, seducía a sus hembras a golpe de clava y las arrastraba agarradas de los cabellos a su cueva hedionda. ¿Veis el programa Los Simpson, de Antena 3?  ¿Hay algo más patético que Homer Simpson? Se lo ha desvirilizado a conciencia. Es un fantoche. Y nuestra cultura va por ahí. Transforma a los hombres, a los varones, en fantoches, por miedo al ‘machismo’, se nos quiere hacer creer, sin distinguir entre el hombre sexualmente potente, sanamente potente, y el hombre brutal. El machismo bien entendido, la sana virilidad, no es lo mismo que grosería y brutalidad. Pero se nos confunde a conciencia. Hablando del romanticismo, el romanticismo a lo Werther, el romanticismo a lo Mariano José de Larra, en el que un hombre se pega un tiro porque aquella mujer a la que él ‘venera’ le da calabazas. ¿Se concibe un disparate mayor? Ninguna mujer sana se enamora de semejantes fenómenos. Adórame menos y demuéstrame más en la cama tu verdadero amor. Obras son amores que no buenas razones. Hubo un tiempo, y aún perdura, en que cierta literatura, cierta mentalidad, ponía por las nubes y exaltaba a personajes como el protagonista de Women in love, porque, según se pretendía, eran más ‘tiernos’ que los otros, entendían mejor a las mujeres, eran pioneros del feminismo. Cuando para mí no eran otra cosa que sencillamente impotentes. Otro ejemplo que me viene a la mente es el de los protagonistas de Los Pazos de Ulloa, libro de la Pardo Bazán, según se nos dice también ella feminista temprana, libro en el que la protagonista principal, ella, que quería ser monja, se casa a desgana con el dueño del pazo, un hombre a la antigua usanza, cierto, de pocas lecturas y menos maneras, pero que sin embargo ha engendrado un hijo sano y robusto en su amante, igualmente sana y robusta además de juvenilmente atractiva, una de las jóvenes sirvientas del pazo, asimismo poco culta y leída. Resultado, el matrimonio legal fracasa estrepitosamente, los esposos no se ‘entienden’, tienen una hija raquítica que se les muere a poco de nacer, y finalmente aparece en el pazo un capellán joven y barbilampiño recién salido del seminario y como es fácil de suponer lleno de ideas irreales acerca de su tarea de pastor de almas de una aldea atrasada con el que la esposa desilusionada de su tosco marido se ‘entiende’ mejor y acaba naturalmente ‘enamorada’, primero como en las cortes de amor provenzales y por fin de manera más realista y ‘brutal’. (Continuará)






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