Pensamientos

3 de mayo de 2015, un poco de Historia.

miércoles 09 mayo 2018

Arduino d'Ivrea, no tenía de italiano ni siquiera la sangre; pertenecía a una dinastía alemana que llegó a Italia con los lombardos tal vez, tal vez con los francos y se adueñó del terreno por derecho de conquista. Arduino había heredado de sus antepasados guerreros el coraje, el primitivismo, la arrogancia y la ambición. En la lucha por el poder sobre el marquesado, tuvo que lidiar con el Obispo de Vercelli. Lo mató, lo quemó, destruyó la catedral y le confiscó las tierras, que le había donado Adelaida. Otón III, aún vivo en ese momento, lo reprendió. Silvestre II lo amenazó con la excomunión. Pero Arduino no se dejó intimidar ni por el uno ni por el otro. Despojó de sus posesiones incluso al obispo de Ivrea. Y cuando el de Brescia se negó a rendirle homenaje, lo agarró por el pelo, lo tiró al suelo y le dio de patadas. Tales eran las costumbres y el modo de ser del momento, incluso en el mundo de los grandes señores.

Arduino no era un patriota y no pensaba en modo alguno en Italia, cuando se hizo audazmente aclamar rey por una asamblea de feudatarios del Piamonte. Fue sólo un arribista que se ocupó solo de subir de categoría. Pero no le faltaba valor ni previsión. Para encontrar partidarios, enfrentó a los pequeños vasallos contra los señores feudales, al bajo clero contra el alto y alentó los sentimientos xenófobos de la gente común contra los alemanes. Tuvo bastante éxito.

Esa pelea en dos frentes, contra los obispos por un lado y la nobleza imperial por el otro, le ganó muchas simpatías en la pequeña clase media de la ciudad y el país. En 1003 derrotó a un contingente alemán enviado por Enrique II para tantear el terreno y lo obligó a repasar de vuelta los Alpes. Pero cuando el emperador llegó en persona en la cabeza de un ejército poderoso, Arduino se halló solo. Enrique volvió a Pavía en 1004 para recuperar la corona. Pero una vez en la ciudad, sus tropas fueron atacadas por la población y tuvieron que retirarse. Regresaron con fuerza al día siguiente, saquearon, quemaron y asesinaron. Arduino, a salvo en su castillo de Ivrea, no renunció a su título ni a sus reivindicaciones. Una vez Enrique hubo partido, él regresó a Pavía y sembró el terror con sus expediciones punitivas contra Vercelli, Novara, y Como. Sólo la edad y los achaques dieron cuenta de su obstinación. Cansado y enfermo, el irreductible come-curas llamó a la puerta de la abadía de Fruttuaria que lo recibió caritativamente. Murió en 1015, sin imaginar ni remotamente el mito que harían de él los nacionalistas.






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