Pensamientos

4 de febrero de 2019, los médicos y los pacientes (sigue).

lunes 04 febrero 2019

 En cuanto a los médicos tienes la impresión de que no existen para el enfermo, sino al contrario, el enfermo existe para ellos. No están al servicio del enfermo, el enfermo está al de ellos. No les preocupa tanto sanarlo como ejercer bien su profesión. Mi médico se enorgullece de sus conocimientos, que le reconozco de buen grado, pues ahora cuando la visito me suelta parrafadas teóricas del funcionamiento del cuerpo, pero son conocimientos librescos y no de primera mano. Y aquí lo que hace falta es otra cosa, una visión más amplia de lo que son los enfermos y la enfermedad, pues con acierto se ha dicho que no existen enfermedades, sino pacientes, cada uno es diferente de los demás y necesita tratamiento personalizado. Pero nuestro sistema sanitario no está a la altura de tales exigencias. Para él los enfermos somos solo ‘casos’, un número entre tantos otros. Cuando estuve internado en el hospital, por primera vez, por otro problema, me sentí como un objeto, algo a lo que se le hacen cosas sin contar para nada con sus sentimientos ni su parecer. ¡Qué horrible sensación de impotencia, no se la deseo a nadie! Hace tiempo pregunté a mi médico qué plantas medicinales podría yo usar para tratar mi dolencia, porque no me fío de la Farmacia y prefiero antes curarme con infusiones, si ello es posible, que con medicamentos. Les prefiero las plantas. Ellas son ‘naturales’, es decir, producto de millones de años de evolución al par de los seres humanos, mientras que ellos, los medicamentos, son artificiales. Cuando metes en el cuerpo una sustancia fabricada en los laboratorios, él reacciona de inmediato, se enfrenta a esa sustancia extraña que él no produce, dirige todos sus esfuerzos a tratarla sin que lo dañe, encomienda al hígado y los riñones la tarea; por eso, en el caso de la Metformina, lo primero que lees en el prospecto es que no debes tomarla si tus riñones o hígado no funcionan bien. Mi médico me contestó malhumorada que de remedios naturales ella no sabía nada de nada, que ella solo sabía lo que le habían enseñado en la Facultad. Y yo pensé que hubiera preferido un médico que me apoyara en mis iniciativas, que aceptara mis propios esfuerzos en pos de la curación, porque a final de cuentas se supone que los dos perseguimos el mismo objetivo, a saber, sanar; un médico que aceptara mi colaboración en vez de querer ser la única con vara alta en el asunto. Lo dicho, parece que el médico está ahí no para sanarte, sino para venderte productos medicinales. Hace años, a mitad del tratamiento, ella me propuso cambiar de medicina y tomar Repaniglida Sandoz, la última palabra en el tratamiento de la diabetes, en lugar de la Metformina anterior. Yo tenía un amigo médico y le pregunté qué pensaba. Él escribió a unos laboratorios de investigación que conocía debido a su profesión y ellos le contestaron que ese medicamento, recién salido al mercado, suscitaba dudas y era todavía objeto de estudio porque se había descubierto que causaba cáncer en los ratones. Por ya no mencionar sus otros efectos secundarios graves. Ni que decir tiene que me felicité de haber sido precavido en lugar de obedecer ciegamente a mi médico y me abstuve ni de probarlo. Y de nuevo pensé en ella, que lo más probable, quiero creerlo y no atribuirle negligencia irresponsable, me los había recetado sin más, ignorante de lo que yo había averiguado por mi propia cuenta.






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