Pensamientos

4 de noviembre de 2018, Marta.

martes 06 noviembre 2018

 Marta es una niña de 13 años. Es alta, esbelta y crecida, se ve a las claras que es aún una niña, pero antes que llamarla niña sería más propio llamarla mocita. La vi por primera vez en la plaza de la fuente, a la que acudo a diario al atardecer a sentarme en uno de los bancos de piedra, escuchar el manso rumor de los chorros y contemplar a la gente que pasa. La vi por primera vez y me llamó la atención. Parecía relajada y a gusto. Algo en ella me atraía. Ni era niña, niña, ni era adolescente, era algo intermedio. Aquel día venía con un balón al que botaba contra el suelo. Más tarde supe que juega al balonmano en su colegio y que lo hace bien. Se lo oí decir a su madre, una mujer corpulenta, que también viene a menudo y se sienta en la plaza con otros asiduos. La hija ha acudido otras veces con unos auriculares y el poco menos que obligado teléfono móvil. Por lo general se sienta aparte de la gente mayor y se enfrasca en lo que esté viendo u oyendo en la pantallita. Nunca la he oído decir nada. Se limita a acompañar a su madre y ser testigo de lo que ella dice. Un buen día, la madre, de pie, a mi lado, todos los bancos estaban ocupados, comentaba con sus amigos una noticia escabrosa, hizo un juego de palabras obsceno y se echó a reír. Yo soy persona chapada a la antigua y no me gustan nada las groserías, menos aun en boca de una mujer. De modo que desde entonces la miro con prevención. De tal palo, tal astilla, me dije, y si la madre es así, persona poco refinada y de gustos dudosos, de seguro la hija la copiará cuando crezca. Porque es un hecho fatalmente irremediable, todos somos de mayores lo que hemos aprendido a ser de jóvenes en el hogar en que hemos crecido. Todos somos copias de nuestros mayores. Me fijé entonces más en la niña mientras me hacía esas reflexiones. Y llegué a la conclusión de que no era mal parecida, hasta podía ser atractiva, su rostro era inocente, su barbilla, redonda, y su nariz un poquito respingona. ¿Quién te hallará de su gusto, pensé, ignorante de esto que digo, el ambiente que has respirado en tu familia, y te pedirá en matrimonio para tener hijos contigo? Porque me angustia también el enfrentamiento actual entre hombres y mujeres, la incomprensión, lo poco preparados que están los jóvenes para formar pareja y crear un hogar. Y llegó otro día, en que también la madre, de pie a mi lado, habló de su hija a quienes la escuchaban y les contó que la niña, la chica, se llevaba muy mal con su hermano, más joven que ella, y a la vista de todos, sin que nadie interviniera, solía pegarle en los brazos con un trozo de cuerda y que él se reía y se dejaba hacer mientras ella se echaba a llorar. Un llanto que no entendí. Y me dije desolado, ay, ay, ay, qué malos antecedentes y qué futuro desagradable apunta en el horizonte en lo que concierne a la vida que va a vivir esta niña-mocita con su pareja. Sin que yo ni nadie podamos evitarlo. La vida, nuestra vida, la vida de todos es, simplemente, así.






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