Pensamientos

5 de julio de 2019, algunos homosexuales históricos.

viernes 05 julio 2019

Empezaré por Felipe de Orleáns, el hermano menor de Luis XIV. He aquí lo que se lee acerca de él en la Wikipedia: Ya en su infancia, Felipe demostró su "originalidad", se ponía cintas y lunares postizos (práctica entonces de moda entre las mujeres) y se maquillaba a conciencia. Desde los primeros años de su vida se lo desvió, sus padres, su familia más próxima, lo desviaron aposta, haciéndolo jugar con muñecas y rodeándolo de estímulos femeninos, encajes y sedas, para que haciendo de él un marica superficial, ya os lo imagináis, todo dengues y amaneramiento, no amenazase a Luis XIV que, de esta forma, no corría peligro de que su hermano le disputara el poder. Felipe fue un homosexual libertino de costumbres extravagantes. Tuvo varios amantes, entre ellos un sobrino del cardenal Mazarino y el primero en «corromperlo», según las memorias del duque de Saint-Simon. Lo casaron a la fuerza, por cuestiones de herencia y descendencia, entre gentes de tal categoría era obligado tenerla, con una tal Carlota, princesa alemana, que según se cuenta tenía de hombruna e hirsuta lo que él tenía de afeminado y barbilampiño. Tal para cual. Ella era la horma del zapato de él. A trancas y barrancas se las arreglaron para tener un hijo, Felipe II de Orleáns, que, como era fácil prever, fue también homosexual y desenfrenado y murió de un ataque al corazón a los 51 años. Asombra la ligereza con la que contemplamos tales vidas infelices que no tuvieron que serlo por fuerza. No nos conmueven. Tenemos de ellas noticia y nos resbala, nos encogemos de hombros, fue su problema, unos nacen con estrella y otros estrellados. No, no tiene por qué ser así, los sufrimientos ajenos nos son en parte imputables, todos somos responsables de todos. Volviendo al asunto, Felipe era nieto de Luis XIII, también él afeminado y extravagante que gustaba de travestirse y subir al escenario para hacer simulacros obscenos. Cuando era un niño aún pequeño sus padres lo hacían dormir con ellos, entre los dos, y no se privaban de follar cuando les daba la gana a la vista de él. Se dice que el padre, Enrique IV, se agarraba con las manos la polla y se la hacía tocar al pequeño al tiempo que le decía, mira hijo, con esto que ves te he fabricado. El padre tenía también varias amantes, las follaba en presencia del hijo y hacía que el niño metiese los dedos e incluso la diminuta mano en el coño aún chorreante de aquellas mujeres. Todo esto que cuento lo dejó escrito en sus memorias el médico de la familia, que estaba al corriente de lo que sucedía. No se sabe si este hombre se horrorizaba de lo que pasaba o no le importaba, el caso es que nos lo ha contado. No es pues de extrañar que ya adulto Luis XIII huyese de las mujeres y le gustase escenificar retablos eróticos en los que figuraban otros hombres. Siguiendo con los personajes reales, Ricardo Corazón de León, homosexual declarado, era hijo de Enrique II de Inglaterra y de Leonor de Aquitania, que se había casado con él tras abandonar a su primer marido Luis VII de Francia, débil de carácter frente a Enrique que era todo lo contrario, pues llegó a tener ocho hijos. El carácter de Luis, devoto, ascético (quería ser monje) ingenuo y torpe, poco enérgico e indeciso, se aviene mal con el carácter fuerte de Leonor. Enrique II de Inglaterra hizo asesinar a Tomás Becket, el arzobispo de Canterbury, que se negaba a someterse a él. Tampoco Enrique se dejaba mangonear por su mujer, que quería gobernar con él el país, lo que él no le consentía, de modo que ella lo abandonó para irse a vivir a la Aquitania francesa, sus propios dominios heredados de su padre. Se llevó con ella a sus hijos, entre ellos Ricardo, que tenía 10 años, y a partir de ahí se pasó la vida contando a su hijo lo mal que su marido la había tratado y descalificándolo lo más que podía. Resultado, un hombre adulto homosexual que prefiere a los hombres antes que a las mujeres. Y es que los que entienden de ello afirman que el caldo de cultivo excelente de la homosexualidad es la pareja que forman un padre débil que se aparta a un lado y una esposa dominante a la que él deja hacer. Un cierto profesor mío, abiertamente homosexual, que enseñaba a sus alumnos la foto de su marido-amante para hacernos tragar mejor, supongo, su desviación sexual, una mañana, que se sentía en vena de confidencias nos había hablado de su infancia desastrosa y había dicho tajante, mi madre era horrible, nos maltrataba y no había manera de discutir con ella. Más de lo mismo. Todo el mundo ha oído hablar de la educación inglesa, en vigencia hasta casi finales del siglo pasado, en la que los profesores flagelaban con el látigo a los alumnos, encomendando la tarea a los mayores, los de cursos superiores, que se despachaban a gusto con los menores recién llegados a las aulas, lo que era fuente de perversiones sadomasoquistas y homosexuales sin cuento. Uno de estos desdichados fue el famoso Lawrence de Arabia, homosexual también declarado, que en los últimos años de su vida se hacía flagelar por sus amigos pues era la única manera de hacerlo eyacular. Oscar Wilde, también alumno de uno de esos colegios ingleses. Por cierto, a Luis XIII, más arriba mencionado, lo azotaban a diario por la mañana, al levantarse, para acabar con sus blanduras y ‘hacer de él un hombre hecho y derecho’, según decía su padre.  




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enviado por jagadeesh el 12 julio 2019 a las 02:12 PM CEST
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