Pensamientos

6 de mayo de 2019, nuestros gobernantes están locos.

lunes 06 mayo 2019

 El inesperado incendio de Nôtre Dame de París el día 15 del pasado abril me dio qué pensar. ¿Cómo ha sido posible? me preguntaba. Lleva ahí 800 años sin que nadie se preocupara y de pronto, de la noche a la mañana, arde como la gasolina. Utilizaron un ‘dron’ para ver el incendio desde arriba, y lo que se ve es que todo el centro de la catedral arde como la pólvora, no hay zonas que ardan más y otras que menos, sino que todo arde con ganas. Es una fiesta. Seguí pensando. Las vigas del techo, el entramado de vigas que según parece fue lo que ardió, eran vigas gruesas de roble de muchos años de antigüedad sumergidas en agua para hacerlas más duraderas porque el agua les cierra los poros y las hace más sólidas y resistentes como si dijéramos. ¿Y de pronto arden como virutas? Algo no encajaba. Por otro lado la semejanza con el 9/11 americano, las dos torres gemelas de Nueva York, era preocupante. En Francia el problema de los chalecos amarillos no acababa de solucionarse. ¿Qué mejor que provocar una catástrofe nacional que conmoviera a toda la nación para apartarla de lo que de veras importaba, la insatisfacción económica de tantísima gente? Las alarmas contra incendios de la catedral, los detectores de humo, saltaron dos veces antes de que nadie se preocupara de ir a ver lo que pasaba. Y los bomberos tardaron una hora entera en aparecer. Otro 9/11, como digo, otro Pearl Harbour que el gobierno americano utilizó como pretexto para entrar en la II Guerra Mundial. Y aun hay más. Parece ser que en Francia se ‘aprovechará’ la feliz e ‘inesperada’ situación para remodelar todo el entorno. Justo al lado de la plaza frente a la catedral van a levantar un centro comercial poco menos que gigantesco, miles de metros cuadrados de tiendas, cafeterías y lugares de ocio. Y van a sustituir la antigua cubierta, la que se ha quemado, de madera, por otra transparente, de hierro y cristal, abierta al público, para que desde arriba los turistas puedan ver allá abajo, a sus pies, la nave del templo, una terraza acristalada todo alrededor desde la que se podrá ‘disfrutar’ de una panorámica del gran París. Una nueva Disneylandia, lo llaman, transformar en un parque de atracciones la catedral. El incendio huele pues a pelotazo político y urbanístico. Que los gobernantes de tu propio país, tus gobernantes, hayan hecho tal disparate, quemar una joya arquitectónica y archi histórica por motivos políticos y de dinero no nos cabría en la cabeza si no fuera por los tiempos que corren. Todo está vuelto patas arriba. Adiós antiguos valores, la gente corriente no cuenta, la gente no contamos, somos menos que nada en manos de un puñado de gobernantes corruptos a los que gobierna a su vez el puro y duro dinero. Terminaré apoyando lo que digo con la última noticia, el Presidente Macron ha prohibido, digo bien, prohibido, a los arquitectos especular, hacerse preguntas sobre lo sucedido. ¡Algo huele a podrido en Dinamarca! diré parafraseando el Hamlet de Shakespeare.






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