Pensamientos

7 de agosto de 2019, Prometeo, el rebelde. (Termina).

miércoles 14 agosto 2019

El castigo es terrible. Sin el fuego no podrán cocer los alimentos de los que se alimentan, no se podrán alumbrar cuando caiga la noche, no se podrán calentar durante los fríos días del invierno. Tampoco podrán defenderse de los animales que los ataquen. Prometeo va a ver a Atenea. Atenea es una gran diosa olímpica. Es también hija de Zeus. Prometeo le cae bien; él intercede ante ella por los hombres, castigados por un pecado que no han cometido. Sus ruegos conmueven a la diosa y por ello cuando él le pide que lo deje entrar secretamente en el Olimpo, ella acepta.  Era pues él, Prometeo al que vimos entrar calladamente en la morada de los dioses. Ha sido él quien ha cogido una brasa del fuego sagrado del Olimpo y las ha bajado a la tierra ocultas en el tallo hueco de una planta seca. Él, Prometeo, va a ofrecer a los hombres el fuego de los dioses. Esta nueva ofensa al señor del Olimpo no puede quedar impune, Zeus va a castigar a quien así lo desafía. Llama de nuevo a su hijo Hefesto. Hefesto y los dioses habían creado solamente a los hombres. Zeus le ordena crear ahora una mujer, una mujer de arcilla a imagen y semejanza de las diosas. Ha de ser no solamente magnífica, de belleza arrebatadora, sino también dotada de todas las cualidades. Afrodita le confiere la gracia, Atenea la viste de las telas más hermosas, las Horas la coronan de flores, las Gracias le ponen al cuello los más finos collares, en cuanto a Hermes, por orden de Zeus, le otorga un espíritu mentiroso, manipulador, un apetito de las cosas del sexo jamás saciada y, sobre todo, el don de la curiosidad. Se la llamará Pandora, que quiere decir ‘un don de todos los dioses’. La fatal maravilla está lista. Con un soplo, Zeus le da la vida. Pandora es la primera mujer, el antepasado de todas las mujeres. Pero sobre todo es el fuego que Zeus va a regalar a los hombres sin que haya necesidad de encender una llama, un fuego ladrón que responde al que Prometo ha robado. Bastara con meterla en el lecho de un hombre, no un hombre cualquiera, sino aquel que piensa a agua pasada, Epimeteo, el que comprende cuando ya es demasiado tarde. El que más se nos parece, en resumen, aquel que sin cesar hace planes aunque el curso de los acontecimientos se demuestre contrario a sus esperanzas. Si se quiere hacer reír a los dioses, hablémosles de nuestros proyectos. Hermes  va en busca de Epimeteo y le entrega la sublime criatura. Epimeteo vacila. No en vano su hermano Prometeo lo ha puesto en guardia contra todo lo que venga de Zeus, porque Prometeo sabe; a diferencia de su hermano, presiente, prevé; pero deslumbrado por la belleza de Pandora, el infeliz Epimeteo la recibe de brazos abiertos. Detalle importante; antes de que Pandora baje a la tierra, Zeus le ha entregado una caja, una caja magnífica cuajada de piedras preciosas inigualables en la que cada uno de los dioses ha puesto algo nefasto y perjudicial. En esa caja se hallan pues todos los males del mundo, el hambre, la sed, la enfermedad y la muerte. Por supuesto, Zeus ha encargado a Pandora no abrirla bajo ningún pretexto, exactamente lo que hace falta decirle para despertar su curiosidad. La noche misma de sus desposorios con Epimeteo, no pudiendo más resistir la terrible tentación de saber qué contiene la caja, Pandora se desliza fuera del lecho y levanta la tapa. Inmediatamente brotan de ella todas las desgracias, todos los males del mundo, todo lo que va a afligir la vida de los humanos hasta el fin de los tiempos. Y Zeus los ha vuelto invisibles, silenciosos, de manera que puedan caer sobre ellos de pronto, sin que les dé tiempo de precaverse. Pero lo que es todavía peor, los males se mezclan a los bienes que los dioses habían ya concedido a los hombres, de modo que a partir de ahora ya no podrán ni reconocerlos ni identificarlos. Presa de espanto, Pandora se apresura a cerrar la tapa, pero por desgracia ya es demasiado tarde. Prometeo había engañado a Zeus haciendo la apariencia de las cosas contraria a su interior, los blancos huesos disimulados por la grasa, el robo del fuego oculto en el tallo de una flor. Pues bien, Pandora es la respuesta del rey de dioses a esa inversión de las cosas. Ha escondido, tras la apariencia magnífica de Pandora, los peores desastres. A partir de ahora, definitivamente separado de los dioses, el hombre deberá sembrar el vientre de la mujer para reproducirse, de la misma manera que deberá sembrar la tierra para alimentarse; el bien y el mal se hallan para siempre mezclados. Pero no todo está perdido, porque en el fondo de la caja de Pandora, algo ha quedado encerrado, un soplo que no ha tenido tiempo de escaparse antes de que Pandora haya cerrado la tapa. Ese soplo, que Hermes había introducido a la chita callando sin que Zeus lo supiera, él lo había llamado Elpis, que quiere decir la Esperanza. De modo que aun en las peores tragedias, los humanos seguirán creyendo y esperando. Zeus ha castigado a los mortales, ahora tiene que castigar a su bienhechor. Sera de la manera más cruel. Zeus quiere dar un ejemplo. Hace encadenar Prometeo a una roca en alguna parte de las cumbres del Cáucaso entre el mar Negro y el mar Caspio. A continuación da a un águila la orden de devorarle el hígado. El hígado es el símbolo de ese poco de felicidad y alegría que Prometeo había querido para los hombres. A diario, el águila devora el hígado de Prometeo, y para que el suplicio sea aun más terrible, todas las noches, cuando el héroe agoniza, su hígado se regenera, de modo que el suplicio puede durar al infinito. Prometeo acepta la sentencia de Zeus ; en lugar de gemir y quejarse, continúa desafiando a su verdugo. Prometeo es dueño de un secreto, un secreto temible que concierne el porvenir del mismo Zeus. Zeus lo sabe. Por ello mismo no la hace matar por el águila, con la esperanza de que Prometeo acabará por ceder y le revelará el secreto. Pero Prometeo encadenado guarda silencio. Si Zeus quiere saber, tendrá primero que liberarlo. Pasan miles y miles de años. En la tierra, dioses, semi dioses e incluso simples mortales han llevado a cabo innumerables proezas y Zeus ha podido siempre salvar su trono cuando estaba amenazado. Pero tiene que saber qué secreto relacionado con él Prometeo le oculta y no quiere revelar. Entonces el señor del Olimpo se da por rendido. Envía al más poderoso de todos sus hijos mortales a liberar a Prometeo. Hércules mata al águila de un flechazo en el corazón y rompe las cadenas que sujetan a Prometeo. Prometeo cumple su promesa y revela a Zeus el secreto. Si Zeus se casa con Tetis, la ninfa de los mares de la que se ha enamorado perdidamente, ella dará nacimiento a un hijo que será más poderoso que su padre y lo destronará. Zeus pone fin de inmediato a su cortejo de Tetis  y la obliga a casarse con un hombre mortal. Prometeo es pues el dios protector de los hombres. Es también el rebelde, el insumiso, que nos dice que oponerse a los poderosos nos honra, a veces es incluso necesario. Pero nos dice igualmente que querer cambiar el orden de las cosas, es un error. Pese a su gran capacidad de previsión, esta idea no se le había ocurrido.






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