Cuerpos al límite

lunes 14 septiembre 2009

Ayer publicaba el dominical un texto titulado Cuerpos al límite en el que se nos hablaba de gentes que hacen carreras de cientos de kilómetros que duran varios días cruzando montañas y desiertos. Parecen pruebas sobrehumanas, pero cada vez hay más en el mundo -decía el articulista, y añadía: Se trata de retos deportivos que trascienden la competición para convertirse en un emblema de superación y en una experiencia vital salpicada de osadía, compañerismo y aventura. Para mí, una vez más como ya es corriente en los tiempos que vivimos, se tergiversa la realidad, pues lo que el autor describe es pura y simplemente sadomasoquismo. Por ejemplo, en la Gore Tex Transalpine Run, los participantes corren 300 km en ocho etapas a través de los Alpes. Cojo, llorando de dolor, avanza entre los aplausos de sus compañeros -se dice de uno. El Maratón des sables son 250 km de carrera en seis días por el desierto. Una etapa de esta carrera, 80 km, se ceba en los corredores y deja un reguero de pies llenos de sangre y ampollas. Una corredora británica avanza penosamente, cojeando y con muestras de dolor, se ha destrozado los pies. Pues bien, esto es puro masoquismo disfrazado de proeza deportiva. Además de casi dejar la piel en el intento y poner en peligro la salud, bordear el suicidio, hay que pagar 3000 euros por la inscripción. Pero no se lo llama masoquismo, sino superación de sí mismo, como si superarse a sí mismo fuera una virtud en lugar de ser un disparate y una muestra de desequilibrio. Porque vamos a ver, quién es ese que supera y quién es ese “sí mismo” superado? Son una misma persona; no hay dos, hay uno solo. Con acierto se ha dicho que quien no tiene a quién dominar, se domina a sí mismo. Uno es al mismo tiempo el sado y el masoca. Cuando uno no tiene piedad de sí mismo, no se compadece de los propios sufrimientos, se prepara para no tenerla de los demás, para no compadecerse de los sufrimientos ajenos. El masoca se prepara para sado. Esto, estos cuerpos al límite, que aquí equivocadamente se aplaude, era justamente lo que Mussolini y Hitler pedían de sus jóvenes nazis, gente de hierro, dispuesta a morir y matar sin pestañear. El sadomasoquismo disfrazado de reto deportivo. La mentira disfrazada de verdad, como en el 1984 de Orwell.

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