Pensamientos

El lupanar de Afrodita

sábado 15 septiembre 2018

 2 de septiembre de 2018, el lupanar de Afrodita. (El Mundo, 22 de febrero de 1998) Nunca he pagado para ir con una mujer, para tener sexo, nunca he pagado por follar,  en aquel tiempo podría haber respondido Robert de Niro al reportero que lo entrevistaba, si le hubiera dado por hablar haciendo filigranas con el lenguaje y mientras se desprendía de la solapa la Legión de Honor que las autoridades francesas le habían concedido por sus méritos excepcionales y se la entregaba.

Devuelva usted ésto a quien corresponda, quizá hubiera añadido.

Aquellas mismas autoridades lo habían acusado ahora de ser el proxeneta de una red de mozas de la mala vida, mozas de primera categoría, mozas distinguidas, todas ellas otras tantas Belle de Jour, la protagonista de la conocida película de Buñuel, el director de cine español, una red que presuntamente se extendía desde Irlanda hasta los Urales.

Por aquella misma época, la prostituta Giuseppina contagiaba el mal a toda Italia. Enferma del virus del sida, lo había ocultado a sus numerosísimos clientes; y sin cortarse en lo más mínimo, había jodido con ellos a gusto propio y de quienes le pagaban, a pecho descubierto y tumba abierta, expresiones todas que en este caso significan sin barrera preventiva, es decir, sin condón.

Había provocado un escándalo mayúsculo y de a folio. Llamando a los números de ayuda previstos para tales casos, las víctimas de la profesional, posiblemente angustiadas, habían colapsado las líneas de teléfono. Hombres y mujeres  pues ella no hacía distinciones entre colectivos y atendía sin hacerse de rogar a todos los que solicitaban sus servicios  instaban apremiantes a quien los escuchaba al otro lado que se les dijese qué habían de hacer, a dónde acudir; puesto que de vez en cuando, cuando les daba la gana, y a lo largo de dos años completos se habían aprovechado de las prestaciones específicas de la singular trabajadora.

Sin pensar para nada en la reproducción, en aquel tiempo todo el mundo practicaba actos sexuales desviados.

Se empleaba los órganos de la procreación para fines distintos de su función reproductora. En cambio a nadie se le pasaba ni siquiera por la imaginación emplear el estómago o el hígado en otras funciones que la de digerir. O el corazón y los pulmones de la suya de llevar la sangre limpia a los tejidos.

En Tele 5 la sexóloga Carmen Vijande había dicho estar a favor del desvarío de utilizar el aparato sexual como órgano de placer y darse gusto. Para muchos esa era la cosa más natural del mundo, nadie se espantaba de que se lo defendiera y la sociedad en general lo veía como algo necesario y bueno.

Por aquel entonces los arqueólogos habían descubierto en Grecia un antiguo lupanar; las ruinas del lugar al que los tesalónicos de aquellos tiempos remotos habían acudido a tener relaciones sexuales pagadas sin procreación y con los dos sexos indistintamente.

Era la ley de la oferta y la demanda. (continuará)






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