Pensamientos

Otra locura a la moda

jueves 16 octubre 2008

Hace unos días leía yo una referencia a la película relativamente reciente en que una actriz española había encarnado a Teresa de Jesús, la santa de Ávila, y en ella nos decía el periodista encargado de la crítica que Teresa de Ávila había sido una mujer que al matrimonio y la maternidad había preferido realizarse en la libertad del convento. Y de nuevo me he maravillado. Hogaño se valora más el 'realizarse', sea lo que sea lo que tal palabra signifique, que el traer hijos al mundo. La maternidad está desprestigiada. Al contrario que en la sociedad judía de antaño, hoy las mujeres estériles son bien vistas. Estériles por vocación, por libre elección, se las podría decir. Antes la esterilidad era un baldón; hoy es poco menos que timbre de gloria. Ante todo me apresuro a decir que la vida en sujección hoy y siempre es desagradable. Pero renunciar a la descendencia para no vivir en sujección me parece una victoria pírrica, un flaco consuelo. Lo sensato sería ser madre sin haber sujección. Sujección autoritaria de la esposa al marido, quede claro. Cualquier falta de libertad que se nos imponga es desagradable y penosa. Ahora bien, el detalle está en que se nos venda esa pretendida 'liberación' como un logro, cuando es lavado de cerebro y sustitución de una dependencia por otra. Se dice que allá por los comienzos de la edad media en Bizancio muchos varones se castraban, literalmente, se privaban de las partes, para mejor servir al estado y realizarse en la carrera, como hoy se diría; la disyuntiva era clara, si voluntariamente uno optaba por privarse de los órganos viriles, se le abría automáticamente el camino a los puestos más altos del estado, el generalato, la religión, la administración y un largo etcétera. Tanto era así que algunos de estos eunucos llegaron a ocupar el trono imperial. Con las mujeres de hoy sucede algo parecido, volvemos a aquella edad media, para progresar en la vida, para hacerse un lugar al sol, las mujeres escogen- es un decir, puesto que se trata de condicionamiento- no ser madres y realizarse en el mundo. También hace poco veía un documental en el que cuatro artistas de cine ya bien consagradas y de nacionalidades diversas se sentaban a una mesa y se hacían confidencias; cosa curiosa, en algo ante todo coincidían las cuatro, ninguna de ellas había tenido hijos. Y de nuevo me maravillé, en primer lugar de mí mismo. Las conocía harto, sus películas me habían gustado, puede que incluso las envidiara, envidiara su vida, supuestamente llena de glamur y aventura; pero allí las tenías, no sabías si satisfechas o amargadas, unidas por el lazo de una esterilidad común consentida. Pues bien, esta realizacion en el mundo, este castrarse real o simbólico en aras del progreso social me parece hoy un disparate mayúsculo, locura palmaria. Entiendo por locura el vivir de espaldas a la naturaleza. La llamo locura a sabiendas de que es cosa aceptada y se la tiene por pensamiento normal. Porque hoy a la luz de las necesidades humanas se vive en numerosos aspectos de modo demente, con la curiosa salvedad de que todo el mundo se cree cuerdo, cuerdísimo. ¡La locura convertida en razón! Hay para pasmarse. No quiero alargarme; Mañana seguiré hablando de esto.






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